En cada aula conviven niños separados por casi un año de maduración biológica, y esa diferencia —invisible para quien no la conoce— puede confundirse con desigualdad de inteligencia. El llamado efecto de la edad relativa documenta cómo el mes de nacimiento dentro del año escolar influye en el lenguaje, la motricidad y el control de impulsos, sin que ello refleje capacidad real. Lo que está en juego no es solo el rendimiento académico de un niño, sino la historia que los adultos construyen sobre él y que él mismo puede terminar creyendo.