Nacen Riato y Sedello, primeras cabras salvajes por fecundación in vitro

Los embriones son igual de viables dentro de un día o en 30 años
Bermejo explica la durabilidad del método de congelación de embriones para preservar especies.

A las afueras de Madrid, en un instituto rodeado de autopistas y a pasos del poder político, dos cabritos salvajes llamados Riato y Sedello han venido al mundo de una manera que nunca antes había ocurrido: a partir del material genético de animales ya muertos, mediante fecundación in vitro. El logro del equipo del INIA-CSIC no es solo un hito reproductivo, sino una respuesta a una pregunta que la humanidad lleva siglos postergando: ¿podemos devolver lo que hemos perdido, o al menos preservar lo que aún tenemos antes de perderlo?

  • Dos subespecies de cabra montés ya se han extinguido en la Península Ibérica, y la amenaza de epidemias e incendios convierte esta vulnerabilidad en una urgencia activa.
  • El banco de semen congelado del CSIC guarda la herencia genética de decenas de especies, pero sin óvulos viables esa colección solo podía reconstruir la mitad de cada especie.
  • Durante más de un año, el equipo cultivó embriones a partir de gónadas de animales muertos, los vitrificó y los transfirió quirúrgicamente a madres gestantes salvajes bajo sedación.
  • De cinco hembras receptoras, tres quedaron preñadas y parieron crías sanas; Riato y Sedello sobrevivieron, convirtiéndose en la primera prueba viva del método en ungulados salvajes.
  • El equipo planea construir un repositorio de embriones vitrificados que funcione como seguro biológico, aplicable a especies amenazadas en todo el mundo como el íbice somalí o el arruí egipcio.

Pablo Bermejo observa a dos cabritos entre las patas de cabras adultas en una granja a las afueras de Madrid. Son únicos: los primeros ungulados salvajes nacidos mediante fecundación in vitro usando esperma y óvulos de ejemplares ya fallecidos. Bajo ese mismo suelo, en los sótanos del INIA-CSIC, duermen congelados a casi 200 grados bajo cero espermatozoides de visón europeo, lince boreal, jaguar, oso panda y decenas de otras especies. Es uno de los mayores bancos de semen de fauna salvaje del mundo.

Julián Santiago lleva 25 años recopilando material genético de cabras montesas en reservas españolas. Su motivación es concreta: la cabra lusitánica ya desapareció, y el burcardo se extinguió en el año 2000 sin dejar descendencia. El banco de semen permitía recuperar solo la línea masculina. Para completar el círculo, Santiago y sus colegas comenzaron a recolectar ovarios y testículos de animales muertos por causas naturales o abatidos por cazadores, fecundaron los óvulos en laboratorio y cultivaron los embriones durante siete días hasta vitrifcarlos. Luego los transfirieron por laparoscopia al útero de cabras montesas que actuaron como madres gestantes.

De cinco hembras receptoras, tres quedaron embarazadas. Nacieron crías sanas, aunque una murió porque su madre no produjo calostro. Los dos supervivientes recibieron nombre a petición de este diario: Riato, por un arroyo de la reserva madrileña donde se obtuvieron los óvulos, y Sedello, por un pueblo malagueño de donde provenían los testículos.

El equipo espera publicar pronto sus resultados en una revista científica internacional. Su horizonte es crear un repositorio de embriones vitrificados que puedan conservarse indefinidamente, un seguro biológico que podría aplicarse a ungulados amenazados en otros continentes. Como señala Bermejo, da igual si se usan mañana o dentro de treinta años: los embriones son igual de viables.

Pablo Bermejo se asoma por una abertura en la puerta de la granja y observa a tres cabras montesas adultas que lo miran con desconfianza. Entre sus patas, casi invisibles, hay dos cabritos que comparten esa misma alarma. Estos dos pequeños animales son únicos en el mundo: los primeros ungulados salvajes nacidos mediante fecundación in vitro utilizando esperma y óvulos de ejemplares ya fallecidos.

La granja donde nacieron, a mediados de mayo, se encuentra a las afueras de Madrid, rodeada de autopistas y apenas a 500 metros del Palacio de la Moncloa. Es la sede del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el INIA-CSIC. En sus sótanos, congelados a casi 200 grados bajo cero, reposa uno de los mayores bancos de semen de especies salvajes del mundo. Allí duermen espermatozoides de visón europeo, lobo ibérico, lince boreal, koala, osos panda, jirafa, buitre negro, pingüino de patas negras, jaguar, gacela dama y decenas de otras especies. Si una epidemia o una catástrofe aniquilara una población entera, su salvación podría estar en esos tubos congelados.

Julián Santiago lleva 25 años recopilando testículos de cabras montesas en reservas de caza españolas, extrayendo semen para técnicas de reproducción asistida. Su objetivo es evitar lo que ya sucedió dos veces en la Península: la extinción de subespecies. La cabra lusitánica desapareció. El burcardo, cuyo último ejemplar murió en el año 2000, se llevó consigo toda su línea genética. Pero el banco de semen solo permitía recuperar una mitad de la especie: los machos. Hace poco más de un año, Santiago y sus colegas Pablo Bermejo, Nuria Martínez de los Reyes y Priscila Ramos-Ibeas comenzaron un proyecto que ningún otro equipo había completado con éxito. Recolectaron ovarios y testículos de cabras muertas por causas naturales o abatidas por cazadores. Luego iniciaron la tarea delicada de manipulación en laboratorio: fecundar los óvulos, generar embriones que se cultivan hasta los siete días, cuando alcanzan apenas 150 células. En ese momento se vitrifican, una congelación intensa y rápida que evita que los cristales de hielo causen daños. Los embriones se descongelan después y se introducen en el útero de cabras montesas que actúan como madres gestantes.

Cuando los dos cabritos nacieron, los científicos no les habían puesto nombre. A preguntas de este diario decidieron llamarles Riato y Sedello. El primero por un arroyo de la reserva de caza del Sonsaz, en Madrid, donde extrajeron los óvulos. El segundo por Sedella, un pueblo de la Reserva Andaluza de Caza de las Sierras de Tejeda y Almijara, en Málaga, de donde provenían los testículos. Es la primera vez que se consiguen crías sanas de ungulados salvajes por este método. El equipo espera publicar pronto esta investigación en una revista científica internacional.

La cabra montés goza de buena salud en España, pero epidemias como la sarna pueden diezmar poblaciones locales, como ya ha ocurrido en el sureste. Los incendios, cada vez más frecuentes, pueden aniquilar subpoblaciones enteras. Este mismo procedimiento podría evitar la extinción de ungulados amenazados en otros países, como el íbice somalí o el arruí egipcio. Santiago, que también dirige las reproducciones asistidas de los animales del Zoo de Madrid, consiguió una nueva pareja de osos pandas en 2021 usando técnicas similares.

En humanos, la fecundación in vitro es una técnica completamente dominada. Desde que en 1978 naciera Louise Brown, la primera niña probeta, más de 10 millones de bebés han venido al mundo gracias a esta técnica. Aplicarla a otras especies es infinitamente más complejo, especialmente si no son ratones de laboratorio. El equipo de Bermejo ensayó primero con espermatozoides de cabra montés y óvulos de cabra doméstica. Una vez perfeccionada la técnica, introdujeron los embriones en cabras montesas a las que previamente se les había inducido el celo. Como son animales salvajes difíciles de manejar, la transferencia se realiza por laparoscopia bajo sedación, una intervención quirúrgica poco invasiva que dura apenas minutos. Transfirieron embriones a cinco hembras. Tres quedaron embarazadas y parieron crías sanas. Una de ellas murió porque su madre no generó calostro.

Riato y Sedello son la prueba viva de que el proceso funciona. El objetivo es generar un repositorio de embriones vitrificados que se puedan guardar indefinidamente. Como explica Bermejo, da igual que sea dentro de un día o en 30 años: los embriones son igual de viables. Han demostrado que pueden copiar poblaciones existentes de esta forma, creando un seguro biológico contra el desastre.

Tenemos la máquina preparada para poder reintroducir poblaciones si pasa algo grave
— Pablo Bermejo y Julián Santiago, investigadores del INIA-CSIC
Da igual que sea dentro de un día o en 30 años, los embriones son igual de viables, y hemos demostrado que podemos copiar poblaciones existentes de esta forma
— Pablo Bermejo
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué es tan importante que estos cabritos hayan nacido de material genético de animales muertos?

Model

Porque hasta ahora, si querías preservar una especie salvaje, solo podías hacerlo con los machos vivos. Con los óvulos de hembras muertas, de repente tienes acceso a la mitad completa del genoma que se había perdido.

Inventor

¿Y eso qué cambia en la práctica?

Model

Que si mañana una epidemia mata todas las cabras montesas de una región, no es el fin. Tienes embriones congelados que pueden repoblar el territorio. Es como tener un respaldo de la especie en un congelador.

Inventor

¿Cuál es el riesgo de intentar esto con animales salvajes?

Model

Son impredecibles. No puedes simplemente meter un embrión en cualquier hembra. Necesitas sedarla, hacer una cirugía, inducir el celo. Y luego esperar que acepte al crío. De las cinco hembras que lo intentaron, solo tres quedaron embarazadas.

Inventor

¿Esto podría funcionar con otras especies en peligro?

Model

Eso es exactamente lo que buscan. Hay ungulados amenazados en África y Asia que podrían salvarse así. Pero cada especie es diferente. Lo que funcionó con cabras montesas no funciona automáticamente con un íbice somalí.

Inventor

¿Cuánto tiempo pueden guardarse esos embriones?

Model

Décadas. Congelados a casi 200 grados bajo cero, son viables indefinidamente. Es como tener un seguro que no caduca nunca.

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