En los márgenes del G-20, dos arquitectos del capitalismo tecnológico comparecieron ante ministros de todo el mundo para argumentar que la inteligencia artificial no es una apuesta especulativa, sino el próximo reordenamiento de la economía global. Musk y Zuckerberg, cada uno desde su propio frente —la energía y el talento humano—, trazaron un mapa de urgencias que convierte la infraestructura digital en una cuestión de soberanía y prosperidad. La reunión, convocada por la Casa Blanca, reveló una fractura de fondo entre el impulso desregulador estadounidense y la cautela europea, mientras en c