En el horizonte de la próxima década, Elon Musk ha colocado una pregunta fundamental sobre la mesa: ¿qué forma tomará nuestra relación con la información digital cuando el objeto más íntimo de nuestra era —el smartphone— haya dejado de existir tal como lo conocemos? La predicción del empresario no es un capricho aislado, sino el eco de un consenso creciente entre quienes estudian la evolución de las interfaces humano-máquina. Como tantas veces en la historia de la tecnología, lo que hoy parece indispensable puede ser, en retrospectiva, apenas un puente hacia algo aún sin nombre.