En el eterno diálogo entre la ambición humana y la realidad de la ingeniería, Elon Musk anunció esta semana a través de X un túnel de 129 kilómetros que uniría Austin y San Antonio en apenas 30 minutos, reduciendo un trayecto que hoy consume más de dos horas. La propuesta, formulada sin tecnología definida, financiamiento ni permisos, se inscribe en una larga tradición de visiones transformadoras que prometen rediseñar la movilidad antes de que el suelo haya sido tocado por una sola máquina.