En las calles de Austin, Elon Musk ha lanzado una apuesta sin precedentes: taxis autónomos completamente despojados de volante y pedales, vehículos que no ofrecen al pasajero ni siquiera la ilusión del control. El gesto llega en un momento de vulnerabilidad para Tesla —ventas en caída, liderazgo perdido frente a BYD— y se enfrenta no solo a la ventaja técnica de Waymo, sino a algo más difícil de medir: el miedo humano a soltar el timón. La pregunta que Austin comenzará a responder no es solo si la tecnología funciona, sino si la confianza puede construirse más rápido que el miedo.