En un giro que desafía la lógica habitual del progreso tecnológico, tres de las figuras más poderosas de la industria de la inteligencia artificial —Elon Musk, Sam Altman y Dario Amodei— convergieron esta semana en un llamado a desacelerar deliberadamente el desarrollo de sus propios sistemas. La advertencia no proviene de críticos externos, sino de quienes han invertido miles de millones en construir esa misma tecnología, lo que le otorga al mensaje un peso particular. En el fondo, lo que plantean es una pregunta antigua con consecuencias nuevas: ¿puede la humanidad mantener el control sobre