En el umbral de decisiones que moldearán el orden global, el presidente panameño José Raúl Mulino viaja a Nueva York para participar en la Asamblea General de la ONU, donde la diplomacia tradicional se entrelaza con debates sobre inteligencia artificial y comercio internacional. Su agenda —que incluye encuentros con Sánchez, Netanyahu y Von der Leyen, así como conversaciones sobre la sucesión en la secretaría general de la ONU— refleja el esfuerzo de una nación pequeña por asegurarse un lugar en las conversaciones que definirán el siglo. Panamá, como tantas veces en su historia, apuesta a ser