Madre peruana y su hijo de 6 años asesinados tras viajar para conocer novio de internet

Una madre de 29 años y su hijo de 6 años fueron asesinados y sus cuerpos calcinados en un terreno descampado de Tocache, San Martín.
Sus cuerpos fueron calcinados para ocultar evidencias en un terreno descampado
Zoila y su hijo Eyal fueron encontrados con signos de violencia extrema en Tocache, San Martín.

Una madre joven y su hijo de seis años viajaron desde Lima hacia la selva peruana para convertir en realidad una relación nacida en las pantallas, y encontraron en cambio la muerte. El caso de Zoila Castillo y el pequeño Eyal nos recuerda cuánto puede ocultarse detrás de una identidad digital, y cuán irreversibles son las consecuencias cuando la confianza se deposita en quien ha construido una ilusión. En la región de San Martín, sus cuerpos calcinados fueron hallados días después de que el silencio alertara a quienes los amaban.

  • Una madre de 29 años y su hijo de 6 viajaron cientos de kilómetros para conocer en persona a un hombre que había cultivado su confianza durante meses a través de redes sociales.
  • Cuando dejaron de responder, la familia denunció su desaparición; los cuerpos fueron hallados en zonas remotas de Tocache, con signos de violencia extrema y quemados para borrar evidencia.
  • El celular de Zoila siguió enviando fotos y actualizando estados de WhatsApp después de su muerte, una maniobra para simular que seguía viva y ganar tiempo frente a la investigación.
  • Esa misma evidencia digital se convirtió en la trampa del presunto asesino: Alexis Alcántara fue identificado, detenido en Lima y trasladado a Tarapoto, donde habría confesado los crímenes.
  • El Poder Judicial dictó nueve meses de prisión preventiva por feminicidio y homicidio calificado, mientras la familia exige una pena ejemplar y la investigación explora posibles vínculos con otras actividades delictivas.

Zoila Carolina Castillo Chanduco tenía 29 años y vivía en Lima cuando conoció a Alexis Alcántara Tellería, un hombre de 42, a través de las redes sociales. La relación creció en línea durante meses hasta que ambos acordaron encontrarse en persona. El 14 de mayo de 2026, Zoila empacó junto a su hijo Eyal, de apenas seis años, y viajaron hacia Tarapoto, en la región de San Martín, con la esperanza de que ese encuentro consolidara lo que habían construido en pantallas.

Cuando la familia dejó de recibir noticias, la preocupación se convirtió en denuncia. Las rondas campesinas locales hallaron primero el cuerpo de Eyal, oculto bajo hojas de palma en Uchiza. Cuatro días después, a unos cien metros, cerca de un río, encontraron el cuerpo de Zoila. Ambos presentaban signos de violencia extrema y habían sido calcinados, aparentemente para destruir evidencia.

La investigación reveló un detalle perturbador: uno de los celulares de Zoila continuó siendo utilizado después de su muerte. Alguien tomó fotografías de la selva y actualizó un estado en WhatsApp, en un intento deliberado de simular que ella seguía viva. Esa misma estrategia se volvió en contra del presunto responsable: los rastros digitales apuntaron a Alcántara, quien fue detenido en el distrito limeño de Jesús María y trasladado a Tarapoto. Según los reportes, confesó ser el autor de los crímenes y haber viajado junto a Zoila y Eyal hasta Tocache.

El Poder Judicial dictó nueve meses de prisión preventiva por feminicidio y homicidio calificado. La investigación continúa explorando si hubo otros involucrados, mientras la familia de Zoila y Eyal exige una condena ejemplar por la crueldad de un acto que arrebató la vida de una madre que buscaba amor y la de un niño que apenas comenzaba a vivir.

Zoila Carolina Castillo Chanduco tenía 29 años y vivía en Lima. Había conocido a Alexis Alcántara Tellería, un hombre de 42 años, a través de las redes sociales meses antes. La relación avanzó en línea hasta que ambos decidieron encontrarse en persona. El 14 de mayo de 2026, Zoila empacó para el viaje con su hijo Eyal, de apenas 6 años. Salieron de Lima hacia Tarapoto, en la región de San Martín, con la esperanza de que este encuentro consolidara lo que había comenzado en pantallas.

Días después del viaje, la familia de Zoila notó el silencio. No respondía mensajes. No contestaba llamadas. La preocupación se convirtió en alarma, y denunciaron su desaparición a las autoridades. Lo que vino después fue el descubrimiento de una tragedia consumada. Miembros de rondas campesinas locales hallaron el cuerpo de Eyal en un sector llamado Sarai Bajo Camote, en Uchiza, oculto bajo hojas de palma. Cuatro días más tarde, aproximadamente cien metros de distancia, cerca de un río, encontraron el cuerpo de Zoila. Ambos presentaban signos de violencia extrema. Habían sido calcinados, aparentemente para destruir evidencia y borrar lo que había sucedido en ese terreno descampado de Tocache.

La investigación de la Policía Nacional del Perú reveló un detalle perturbador que resultaría crucial. Uno de los dos celulares que Zoila llevaba consigo continuó siendo utilizado después de su muerte. Alguien tomó fotografías de la selva. Alguien actualizó un estado en WhatsApp. Estos actos, realizados cuando Zoila ya estaba muerta, sugerían un intento deliberado de simular normalidad, de hacer creer que ella seguía viva y en movimiento. Fue una estrategia para ganar tiempo, para alejar sospechas, para elegir un lugar remoto donde los cuerpos pudieran permanecer ocultos.

Alexis Alcántara Tellería fue identificado como la última persona que vio con vida a Zoila y a su hijo. Lo detuvieron en Lima, en el distrito de Jesús María, y lo trasladaron a Tarapoto para que reconstruyera los hechos. Las pruebas materiales recolectadas por la policía y el Ministerio Público lo vincularon directamente con los crímenes. Según los reportes, Alcántara admitió ante las autoridades ser el autor material de los asesinatos. Confesó haber mantenido la relación sentimental con Zoila y haber coincidido con ella y su hijo en Tarapoto antes de viajar juntos a Tocache. La investigación continúa explorando si hubo participación de otras personas o si estos crímenes se conectan con otras actividades delictivas, aunque por ahora Alcántara es el principal procesado.

El Poder Judicial dictó nueve meses de prisión preventiva contra Alcántara por los presuntos delitos de feminicidio y homicidio calificado. Este período permitirá cerrar la investigación preparatoria y preparar el juicio oral. Mientras permanece bajo custodia, la familia de Zoila y Eyal exige una pena ejemplar. Hablan de la crueldad del acto, de la vulnerabilidad de un niño de seis años, de una madre que buscaba amor y terminó asesinada en la selva. El caso sigue en movimiento, pero la tragedia ya está consumada.

Alcántara admitió ante las autoridades ser el autor material del asesinato de Zoila y su hijo
— Reportes de la Policía Nacional del Perú
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Cómo es posible que el teléfono de una mujer asesinada siga enviando mensajes?

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Alguien lo tomó después de matarla. Fotos de la selva, actualizaciones en WhatsApp. Era una forma de ganar tiempo, de hacer creer que ella seguía viva mientras ocultaban los cuerpos.

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¿Qué llevó a Zoila a viajar con su hijo a un lugar tan remoto para conocer a alguien de internet?

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Llevaban meses hablando. Para ella era real, era una relación. Decidieron conocerse en persona. No hay forma de saber qué señales de alerta pudo haber pasado por alto, o si simplemente confiaba.

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¿Cómo descubrieron a Alcántara tan rápido?

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El teléfono fue la evidencia. Cuando la familia denunció la desaparición, la policía comenzó a rastrear. El uso del celular después de su muerte apuntaba directamente a alguien cercano, alguien que estaba con ella.

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¿Qué dice él sobre lo que pasó?

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Admitió ser el autor. Confesó haber mantenido la relación con ella y haber estado con ambos en Tarapoto antes de ir a Tocache. Pero los detalles de cómo y por qué siguen siendo parte de la investigación.

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¿Hay otros involucrados?

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La investigación explora esa posibilidad, pero hasta ahora Alcántara es el principal procesado. A veces estos casos tienen capas que no se ven de inmediato.

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¿Qué espera la familia ahora?

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Una pena ejemplar. Hablan de la crueldad, de un niño de seis años. Quieren que esto signifique algo, que no sea solo un caso más.

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