Shirakawa compartió el Nobel 2000 por demostrar que ciertos polímeros podían conducir electricidad bajo condiciones específicas, abriendo aplicaciones en celulares, pantallas y células solares. Un resultado inesperado en laboratorio en 1976 —cuando el bromo aumentó la conductividad 10 millones de veces— marcó el descubrimiento central de los polímeros conductores.