En el corazón de Buenos Aires, la justicia porteña enfrenta una paradoja que refleja la complejidad de los vínculos humanos y los límites del derecho: investiga si Facundo Moyano violó una restricción perimetral al reencontrarse con Candela Arizaga, mientras la propia joven solicita que esa medida sea levantada. Lo que comenzó como una denuncia de privación ilegítima de libertad en agosto se ha transformado en un caso donde la víctima y el acusado parecen moverse en la misma dirección, dejando a la fiscalía como árbitro de una verdad que aún no termina de revelarse.