La policía autonómica de Cataluña ha incorporado 180 vehículos Cupra Terramar híbridos enchufables a su flota operativa, una adquisición que supera los 9 millones de euros del erario público. Aunque la marca es española, los coches se fabrican en Hungría, lo que reduce el retorno económico al tejido productivo nacional. La decisión reaviva una pregunta perenne sobre la compra pública: ¿puede el Estado ser fiel a sus ciudadanos cuando elige el producto sin exigir que el valor se quede en casa?
Mossos compran 180 Cupra Terramar españoles fabricados en Hungría
Más tiempo parados que en funcionamiento
¿Por qué los Mossos eligieron específicamente el Terramar si sabían que se fabrica en Hungría?
Probablemente porque ofrece buena relación entre calidad, tecnología y precio. Es un vehículo moderno con etiqueta Cero, lo que encaja con objetivos de sostenibilidad. Pero eso no responde por qué no se exigió que fuera fabricado en España.
Mencionas que los policías no cargan realmente la batería durante el servicio. ¿Eso significa que el vehículo híbrido es casi un engaño?
No es un engaño del fabricante, pero sí una desconexión entre lo que el vehículo promete en laboratorio y lo que puede hacer en la realidad operativa. Un coche patrulla no puede permitirse paradas largas para recargar. Así que termina siendo un coche de gasolina con un peso extra de batería.
¿Cuánto dinero estamos hablando que sale de España con esta compra?
Con 180 vehículos a más de 50.000 euros cada uno, superamos los 9 millones de euros. La mayor parte del valor se genera en Hungría, en la fábrica de Győr. Es dinero que podría haber sostenido empleo en plantas españolas.
¿Hay alternativas españolas que los Mossos podrían haber considerado?
El Formentor, que es el hermano menor del Terramar, se fabrica en España. Habría sido una opción más lógica desde el punto de vista de la compra pública responsable, aunque quizá no ofrecía exactamente las mismas características.
¿Esto es un problema solo de los Mossos o es algo más amplio en la administración pública?
Es un patrón más amplio. Hace poco los Mossos compraron 24 vehículos KGM coreanos. Parece que hay una tendencia a buscar el mejor precio o la mejor tecnología sin considerar suficientemente dónde se fabrica y qué impacto tiene en la economía nacional.
Le Pouls
- Más de 9 millones de euros del erario catalán se destinan a vehículos cuyo valor añadido se genera principalmente en Hungría, no en España.
- Los agentes advierten que los Terramar patrullan casi siempre sin batería cargada, convirtiendo la promesa de eficiencia eléctrica en poco más que marketing sobre el asfalto.
- La compra llega justo después de que los Mossos adquirieran 24 vehículos de la marca coreana KGM, intensificando el debate sobre los criterios reales de la contratación pública.
- No existe ningún mecanismo legal que obligue a preferir producción nacional, dejando la decisión en manos de criterios técnicos y de precio que ignoran el impacto territorial del gasto público.
La policía autonómica de Cataluña ha incorporado 180 vehículos Cupra Terramar híbridos enchufables a su flota operativa, una adquisición que supera los 9 millones de euros del erario público. Aunque la marca es española, los coches se fabrican en Hungría, lo que reduce el retorno económico al tejido productivo nacional. La decisión reaviva una pregunta perenne sobre la compra pública: ¿puede el Estado ser fiel a sus ciudadanos cuando elige el producto sin exigir que el valor se quede en casa?
Los Mossos d'Esquadra han sumado 180 Cupra Terramar híbridos enchufables a su flota, vehículos con etiqueta Cero que ya circulan por Cataluña. La elección llega poco después de otra compra polémica —24 unidades de la marca coreana KGM— y vuelve a poner sobre la mesa cómo y dónde gasta el sector público su dinero en equipamiento.
El Terramar es el hermano mayor del Formentor, lanzado por Cupra en 2024. La versión policial supera los 50.000 euros por unidad, combina un motor de gasolina con uno eléctrico de 116 caballos y promete 117 kilómetros de autonomía eléctrica. En papel, es un vehículo moderno y eficiente. En la calle, la realidad es otra: los agentes reconocen que patrullan casi siempre con la batería agotada, porque detener el coche para recargar significaría más tiempo parado que en servicio. El resultado es un vehículo que consume gasolina de forma casi constante, vaciando buena parte del argumento ecológico que justificó su adquisición.
El problema más profundo es geográfico. Aunque Cupra es una marca española, el Terramar se fabrica en Győr, Hungría. Eso significa que la mayor parte del valor económico generado por una inversión de más de 9 millones de euros públicos se queda fuera de España. Su hermano el Formentor sí se produce en territorio nacional, lo que habría supuesto un retorno directo en empleo y valor añadido. La pregunta que nadie responde con claridad es por qué la contratación pública no incorpora mecanismos que prioricen la producción nacional cuando el dinero es de todos.
Los Mossos d'Esquadra acaban de incorporar a su flota operativa 180 vehículos Cupra Terramar, automóviles híbridos enchufables con etiqueta Cero que ya patrullan las calles de Cataluña. La adquisición llega apenas después de que la policía autonómica anunciara la compra de 24 unidades de la marca coreana KGM, lo que reaviva la pregunta sobre dónde y cómo el sector público español gasta su dinero en equipamiento.
El Terramar es el hermano mayor del Formentor, modelo que Cupra —la división deportiva nacida de Seat— lanzó al mercado en 2024. Se trata de un vehículo que destaca por su calidad general, su carácter deportivo y su comportamiento en carretera. La versión que los Mossos han elegido supera los 50.000 euros por unidad, aunque en estas configuraciones especialmente preparadas para uso policial el precio es algo superior. Monta un motor de gasolina combinado con uno eléctrico de 116 caballos, tracción delantera, y promete una autonomía eléctrica de 117 kilómetros cuando la batería está completamente cargada. El consumo medio homologado es de 1,2 litros cuando funciona con la batería llena.
Pero aquí surge el primer problema práctico. Los agentes que reciben este tipo de vehículos para patrullas señalan que el inconveniente principal es evidente: en operaciones reales, estos coches funcionan prácticamente sin batería. La razón es simple y brutal: si los policías tuvieran que detener la patrulla para recargar, pasarían más tiempo parados que en movimiento. En el mundo real de la seguridad, eso no funciona. El vehículo termina consumiendo gasolina casi constantemente, lo que anula buena parte de la propuesta de eficiencia que justificaba su compra.
El segundo problema es más estructural y toca directamente el bolsillo español. El Terramar se fabrica en Győr, Hungría, no en España. Aunque sea un automóvil de marca española, la aportación económica a las arcas nacionales es significativamente menor que si se hubiera producido en territorio español, tal como ocurre con su hermano el Formentor. Esto plantea una pregunta incómoda sobre las decisiones de compra pública: ¿por qué no exigir que los vehículos adquiridos con dinero público se fabriquen en el país, o al menos que exista algún mecanismo de preferencia para la producción nacional?
La compra de 180 unidades representa una inversión considerable. A más de 50.000 euros por vehículo, estamos hablando de una cifra que supera los 9 millones de euros. Es dinero que sale de las arcas públicas catalanas, dinero que podría haber generado empleo y valor añadido en fábricas españolas. En su lugar, la mayor parte de ese valor se queda en Hungría. Los Mossos obtienen vehículos de calidad y con tecnología moderna, eso es cierto. Pero la pregunta sobre si esta era realmente la mejor decisión de compra pública sigue sin respuesta clara.
Citations marquantes
El principal inconveniente es que funcionan siempre sin batería, pues si tienen que parar a cargarlo están más tiempo parados que en funcionamiento— Fuerzas de seguridad que reciben vehículos patrulla