Lo que muchas personas desestiman como un gesto nervioso sin consecuencias —morderse las uñas— revela, bajo la mirada de la odontología y la psiquiatría, una cadena de daños silenciosos que van desde la erosión irreversible del esmalte dental hasta la alteración de la microbiota bucal. La onicofagia, clasificada clínicamente como un trastorno repetitivo centrado en el cuerpo, recuerda que los hábitos más cotidianos pueden ser, con el tiempo, los más costosos para la salud. Especialistas advierten que tratar este comportamiento exige atender no solo la boca, sino también el origen emocional que