En la noche del sábado, el estadio BBVA fue escenario de la edición 143 del Clásico Regio, ese ritual futbolístico que cada cierto tiempo detiene a Nuevo León. Monterrey y Tigres se midieron en la jornada 8 del Apertura 2026 con circunstancias favorables para los locales, pero el marcador permaneció en cero, recordándonos que en los grandes clásicos la presión suele anular tanto el talento como la lógica. El empate, frío en el papel, habla de algo más profundo: la resistencia como forma de orgullo, y la rivalidad como un peso que a veces impide volar.