En las sabanas brasileñas, un grupo de monos capuchinos barbados lleva décadas revelando algo que va más allá de su propia biología: cuando la naturaleza retira sus frutos, estos primates se convierten en cazadores, siguiendo una lógica de supervivencia que los investigadores reconocen como un eco de nuestra propia historia evolutiva. Durante cuarenta y cinco meses y más de cinco mil horas de observación, científicos documentaron cómo la escasez vegetal desencadena una respuesta depredadora sistemática, estructurada por sexo y edad, que sugiere que la caza de pequeñas presas pudo ser el primer