En el Perú, donde la línea entre el guardián y el delincuente se ha vuelto inquietantemente porosa, el ministro del Interior César Astudillo compareció ante el Congreso para pedir que quienes juran proteger y luego traicionan ese juramento enfrenten la sanción más severa que contempla la ley: la cadena perpetua. Más de 300 policías cumplen hoy condenas en prisión, una cifra que convierte el problema en algo imposible de ignorar. La propuesta, que quedó sin resolver en la legislatura anterior, forma parte de una estrategia más amplia que busca atacar el crimen organizado desde sus raíces financ