Ministra Sasieta: enfoque en seguridad de mujeres durante pandemia

Mujeres y niños enfrentan ambientes adversos con mayor vulnerabilidad a violencia durante la pandemia, con acceso limitado a justicia por ralentización del Poder Judicial.
En esta pandemia tenemos que poner los reflectores en la seguridad de ellas
La ministra Sasieta enfatiza que la crisis sanitaria exige que el Estado priorice la protección de las mujeres.

En el momento en que una pandemia cerraba puertas y silenciaba gritos, Rosario Sasieta asumió el Ministerio de la Mujer en Perú con una convicción urgente: el confinamiento no había detenido la violencia, sino que la había encerrado junto a sus víctimas. Su llegada al cargo no fue un trámite institucional, sino una declaración de que el Estado debía moverse más rápido que el sufrimiento que pretendía atender.

  • La pandemia convirtió los hogares en espacios de riesgo para mujeres y niños, mientras el Poder Judicial acumulaba audiencias sin poder resolverlas a tiempo.
  • Cada semana de retraso judicial era, para las víctimas de violencia, una semana más de exposición al peligro sin respaldo legal efectivo.
  • Sasieta anunció que su gestión no esperaría: 'meterle acelerador a fondo' fue su consigna, priorizando medidas de efecto inmediato sobre procesos de largo plazo.
  • La ministra instó a las víctimas a usar canales como la Línea 100 y exigió a los funcionarios comportarse como servidores públicos, no como operadores políticos.
  • Cuestionó el timing de las interpelaciones parlamentarias durante la crisis y llamó al Congreso a elegir entre la controversia política y la protección ciudadana.

Rosario Sasieta llegó al Ministerio de la Mujer con una advertencia que no admitía demora: la pandemia había transformado una crisis ya grave en una emergencia silenciosa. El confinamiento había atrapado a mujeres y niños en entornos hostiles, y el Estado no estaba respondiendo con la velocidad que la situación exigía.

El Poder Judicial, ralentizado por la emergencia sanitaria, acumulaba audiencias sin resolución. Para Sasieta, esa lentitud no era un problema burocrático menor: era una grieta por la que se filtraba la violencia. Las mujeres que necesitaban protección legal esperaban en una cola que avanzaba cada vez más despacio, mientras su situación empeoraba. "Las mujeres la hemos pasado no tan bien, pero en esta pandemia tenemos que poner los reflectores en la seguridad de ellas", declaró en RPP Noticias.

Aun sin haber terminado de familiarizarse con el ministerio, la ministra no quiso esperar. Envió un mensaje directo a las víctimas: los canales de ayuda existían y debían usarse. Su mandato interno era igualmente claro: acelerar. Los funcionarios debían entenderse como servidores públicos comprometidos con la protección, no como actores políticos. El ministerio no podía tener color partidario; solo podía tener un propósito.

Sasieta también cuestionó las interpelaciones parlamentarias en plena crisis sanitaria. Sin rechazar la práctica democrática, señaló que su momento era inoportuno. Su llamado al Congreso fue directo: alejarse del conflicto y ponerse del lado del ciudadano que necesita protección. En el fondo, su visión era simple y radical a la vez: gobernar significaba actuar ahora, porque cada día de espera era un día de riesgo para quienes ya no podían esperar.

Rosario Sasieta llegó al Ministerio de la Mujer con una advertencia clara: la pandemia estaba convirtiendo un problema ya grave en una crisis silenciosa. En su primera entrevista tras asumir el cargo, la ministra señaló que mujeres y niños se encontraban atrapados en entornos que les eran fundamentalmente hostiles, y que el confinamiento había agravado esa vulnerabilidad de formas que el Estado no estaba procesando con la urgencia necesaria.

La pandemia había ralentizado el Poder Judicial de manera significativa. Las audiencias que debían resolverse en los últimos meses del año se acumulaban, y muchas de ellas no podían realizarse de forma presencial. Para Sasieta, esto no era un detalle administrativo: era una grieta por la que se filtraba la violencia. Las mujeres que necesitaban protección legal estaban esperando en una cola que se movía cada vez más lentamente, mientras sus circunstancias se deterioraban. "Las mujeres la hemos pasado no tan bien, pero en esta pandemia tenemos que poner los reflectores en la seguridad de ellas", dijo en la entrevista con RPP Noticias.

La ministra reconoció que apenas estaba comenzando a familiarizarse formalmente con el ministerio, pero no quiso esperar. Envió un mensaje directo a las mujeres víctimas de violencia: existían canales disponibles, como la Línea 100, y debían usarlos. No era un llamado pasivo. Sasieta hablaba como alguien que entendía que cada día de espera era un día de riesgo.

Su visión para la gestión era radical en su simplicidad: acelerar. "Meterle acelerador a fondo en el ministerio", dijo. No había tiempo para procesos lentos ni para construcciones de largo plazo. Los efectos debían ser inmediatos. Eso significaba que los funcionarios tenían que entender que eran servidores públicos, no políticos. El ministerio no podía tener un color partidario. Tenía que tener un propósito: proteger.

Sasieta también cuestionó las interpelaciones parlamentarias que se estaban llevando a cabo durante la pandemia. No las rechazaba como práctica democrática, pero sí cuestionaba su timing. En medio de una crisis sanitaria, cuando el gobierno estaba apenas incorporándose a sus funciones, ¿tenía sentido que los ministros estuvieran defendiéndose en el Congreso? Su llamado fue directo: "¿De qué lado estamos? El ciudadano quiere saber que estás del lado de él para protegerlo". Pidió a los congresistas que se alejaran de la controversia, al menos durante la pandemia, y que priorizaran la protección sobre el conflicto.

Lo que Sasieta estaba articulando era una visión de gobierno centrada en la acción inmediata. No había tiempo para largos plazos ni para debates que no llevaran a resultados concretos. La niñez y las mujeres estaban en ambientes adversos que se hacían más peligrosos cada día. El Estado tenía que responder, y tenía que hacerlo rápido.

Las mujeres la hemos pasado no tan bien, pero en esta pandemia tenemos que poner los reflectores en la seguridad de ellas
— Rosario Sasieta, ministra de la Mujer
¿De qué lado estamos? El ciudadano quiere saber que estás del lado de él para protegerlo, para darle las herramientas necesarias para salir adelante
— Rosario Sasieta, ministra de la Mujer
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué la ministra insiste tanto en que esto no es un asunto político?

Model

Porque en momentos de crisis, la política puede convertirse en un obstáculo. Si el ministerio se ve como un instrumento de un partido, las mujeres que necesitan ayuda dudan en acercarse. Sasieta está diciendo que la protección no tiene color.

Inventor

Pero el Poder Judicial lento no es algo que un ministerio pueda resolver solo.

Model

No, pero puede presionarlo. Puede documentar los casos que se quedan atrapados, puede llevar esa información al Poder Judicial "de forma muy respetuosa", como ella dice, pero con insistencia. Es una forma de hacer visible lo que estaba invisible.

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¿Qué significa que las mujeres "la hemos pasado no tan bien"?

Model

Significa que incluso antes de la pandemia, el sistema no las protegía bien. Ahora, con todo ralentizado, esa falla se ha vuelto peligrosa. Ella lo sabe porque es mujer, porque ha visto el sistema desde adentro.

Inventor

¿Por qué rechaza las interpelaciones?

Model

No las rechaza. Dice que entiende que son parte del proceso democrático. Pero pregunta si ese proceso tiene que continuar exactamente igual durante una emergencia. Es una pregunta sobre prioridades.

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¿Qué espera lograr en las primeras semanas?

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Cosas con efecto inmediato. Mejorar los canales de denuncia, acelerar lo que pueda acelerarse en el ministerio, mostrar que alguien está escuchando. No es un plan de cinco años. Es un plan de sobrevivencia.

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