En Cuenca, la tercera ciudad de Ecuador, miles de personas marcharon pacíficamente el miércoles para defender el agua frente al avance de proyectos mineros en la región andina. La movilización, verificada por la agencia AFP, no es un episodio aislado sino la expresión de una tensión más profunda que atraviesa al país: la disyuntiva entre el desarrollo económico que promete la minería y la protección de los ecosistemas hídricos que sostienen la vida cotidiana de comunidades enteras. Como ha ocurrido en tantos otros rincones del mundo, la pregunta de fondo no es técnica ni financiera, sino moral