En el largo pulso histórico entre Argentina y el Reino Unido por las islas Malvinas, el presidente Javier Milei ha elegido un lenguaje nuevo para una disputa antigua: el del capital. Al vincular la atracción de inversiones extranjeras con el fortalecimiento del reclamo soberano, Milei propone que la prosperidad económica y el poder territorial no son órdenes separados, sino vasos comunicantes. Esta apuesta, que incluye la amenaza de sanciones a petroleras que operan bajo jurisdicción británica, revela cuánto ha cambiado la forma en que los Estados buscan legitimidad en el mundo contemporáneo,