En un momento en que el fútbol volvió a convertirse en espejo de identidades nacionales, el gobierno argentino de Javier Milei firmó un decreto que modifica la Ley de Migraciones para vedar el ingreso o la permanencia de extranjeros que expresen mensajes de odio contra los argentinos. La medida, nacida al calor de polémicas durante el Mundial de Fútbol, plantea una tensión antigua y no resuelta entre la soberanía de un Estado para proteger a sus ciudadanos y el derecho universal a la expresión libre. Lo que queda sin respuesta —y es precisamente lo que más importa— es quién decidirá, y con qué