En un momento en que las placas tectónicas del orden geopolítico global se desplazan, el presidente argentino Javier Milei convirtió el histórico reclamo sobre las islas Malvinas en una política de Estado con dientes económicos y militares. Desde Buenos Aires, anunció sanciones contra empresas petroleras que operan en el archipiélago y la construcción de una base naval en Tierra del Fuego, leyendo en los gestos de Washington y el declive británico una ventana de oportunidad que, según él, no puede desperdiciarse. Es la vieja herida de 1833 buscando, una vez más, un nuevo lenguaje para hacerse