En la noche del jueves, el presidente Javier Milei se dirigió a la nación para presentar lo que su gobierno describe como el conjunto de reformas estructurales más ambicioso en casi un siglo: una reconfiguración del Banco Central, un freno automático al gasto público y cambios en los mercados de capitales y seguros. Como tantas veces en la historia argentina, la pregunta no es si las intenciones son sinceras, sino si las instituciones y los consensos políticos serán lo suficientemente sólidos para que estas reformas sobrevivan más allá de quienes las impulsan.