En el horizonte de noviembre de 2026, Microsoft cierra una era de abundancia digital: el acceso ilimitado a Xbox Cloud Gaming cederá su lugar a un modelo de horas contadas, escalonadas según el nivel de suscripción. La compañía invoca el peso creciente de los costos operativos para justificar una decisión que, en el fondo, transforma un beneficio percibido como derecho en un recurso medido y vendible. Es el momento en que una promesa tecnológica choca con la lógica del negocio, y los jugadores quedan atrapados en esa tensión.