En la temporada de resultados del segundo trimestre, Wall Street trazó una línea divisoria entre dos visiones del futuro tecnológico: Microsoft demostró que la inteligencia artificial puede ser rentable hoy, mientras Meta pagó el precio de apostar por un mañana que los mercados aún no pueden ver. El mayor incremento de capitalización bursátil en un día en la historia de Microsoft contrasta con la caída del 9,7% de Meta, recordándonos que en los mercados financieros, la fe sin evidencia tiene un costo.