En la frontera entre México y Estados Unidos, donde el cielo se ha convertido en un nuevo campo de disputa, ochocientos militares mexicanos vigilan ahora una franja de cinco kilómetros con la mirada puesta en lo invisible: los drones que el crimen organizado ha adoptado como herramienta de operación. La Operación Águila Alta representa el reconocimiento formal de que la tecnología civil puede ser capturada por fuerzas oscuras, y que los Estados deben aprender a defender también el espacio aéreo cotidiano. Sin resultados concretos aún, la operación es tanto un despliegue de fuerza como una decl