En un momento en que la inteligencia artificial redefine el poder tecnológico global, Mark Zuckerberg ha elegido la soledad estratégica sobre el consenso colectivo, rechazando grandes pactos sectoriales y apostando por la seguridad como ventaja competitiva. Meta se presenta como guardián responsable de una tecnología que otros persiguen con prisa, mientras Google, sacudida por tensiones internas y el regreso silencioso de Sergey Brin, se convierte en la variable más impredecible del ecosistema. La pregunta que subyace no es solo quién llegará primero al autoaprendizaje recursivo, sino si algui