En un momento en que la inteligencia artificial comienza a redefinir la relación entre las personas y las máquinas, Meta da un paso simbólico y estratégico: ofrecer a cada usuario un agente con nombre, rostro y presencia continua. Muse no es solo una herramienta nueva, sino una propuesta filosófica sobre cómo la tecnología puede dejar de sentirse ajena para volverse compañera. Al hacerlo gratuito y personalizable, Zuckerberg apuesta a que el acceso a la IA no sea un privilegio, sino una condición compartida de la vida moderna.