En el largo arco de la dependencia tecnológica, Meta da un paso deliberado hacia la autonomía: sus propios chips de inteligencia artificial llegarán a sus centros de datos en 2025, buscando reducir tanto el costo energético como la subordinación a Nvidia. Este movimiento, gestado desde 2023 en colaboración con Broadcom y TSMC, refleja una verdad más amplia sobre la era de la IA: quienes controlan el silicio controlan el futuro. La apuesta no es solo económica, sino estratégica, una declaración de que la infraestructura propia es ahora tan esencial como el software que la habita.