Messi jugó su último partido con la Albiceleste tras 21 años vistiendo la camiseta celeste y blanca, acumulando récords históricos en partidos, goles y asistencias. El estadio Monumental se llenó con más de 85.000 aficionados que celebraron al capitán con ovaciones, mientras él lloraba al abandonar el campo rodeado de familia y compañeros.
Messi se despide de la selección argentina entre lágrimas y ovaciones en el Monumental
Hoy es el día más triste de mi carrera
¿Por qué este partido se sintió diferente a cualquier otro en la historia de Argentina?
Porque todos sabían que era el final. No era especulación ni rumor. Messi había anunciado su retiro, y ese estadio se llenó con gente que quería despedirse de algo que había sido parte de sus vidas durante 21 años.
Pero el partido en sí fue bastante desigual, ¿no? Argentina dominó, Benín intentó competir pero no fue un rival de nivel. ¿Cuánto de la emoción fue por el fútbol y cuánto fue por la ocasión?
Probablemente más por la ocasión. El fútbol fue casi secundario. Lo importante era estar ahí, ser testigo.
¿Qué significaba para la gente que estaba en el estadio?
Para muchos, Messi era la banda sonora de sus vidas. Padres que lo vieron ganar el Mundial en 1986 traían a sus hijos para que sintieran algo parecido. Niños que nunca vieron a Argentina sin él.
Aunque hay que notar que el partido tuvo un retraso, hubo espectáculos musicales, una camiseta gigante con su número. Fue más un evento que un partido de fútbol.
Exacto. Fue diseñado así. Scaloni eligió cuidadosamente a los jugadores, se permitieron pausas ceremoniales. Fue una producción.
¿Y Messi qué dijo al final?
Que era el día más triste de su carrera. Que extrañaría jugar para Argentina. Que le gustaría poder venir toda la vida.
Eso es importante: él mismo definió esto como tristeza, no como celebración. Aunque el estadio celebraba, él experimentaba dolor.
Sí. Llegó llorando, se fue llorando. La alegría de la multitud y su tristeza personal coexistieron en el mismo espacio.
¿Qué deja atrás en términos de números?
Más partidos que cualquier otro jugador en la historia de la selección, más goles, más asistencias. Pero esos números casi no importan en una noche como esa.
Le Pouls
- Messi jugó su último partido con Argentina tras 21 años vistiendo la camiseta celeste y blanca
- Más de 85.000 espectadores llenaron el Monumental de Buenos Aires
- Argentina derrotó 3-0 a Benín; Messi marcó un gol y entregó dos asistencias
- Messi llegó y se fue del estadio llorando, abrazado por compañeros y familia
Messi jugó su último partido con la Albiceleste tras 21 años vistiendo la camiseta celeste y blanca, acumulando récords históricos en partidos, goles y asistencias. El estadio Monumental se llenó con más de 85.000 aficionados que celebraron al capitán con ovaciones, mientras él lloraba al abandonar el campo rodeado de familia y compañeros.
Lionel Messi jugó su último partido con Argentina, derrotando 3-0 a Benín en el Monumental ante 85.000 espectadores que lo ovacionaron. El capitán marcó un gol y entregó dos asistencias en una jornada cargada de emoción que cerró 21 años de carrera internacional.
El Monumental de Buenos Aires se convirtió el miércoles por la noche en un templo de despedida. Más de 85.000 personas llenaban cada rincón del estadio, millones más seguían por televisión desde Argentina y el mundo, todos reunidos para presenciar lo que no volvería a ocurrir: Lionel Messi pisando el césped con la camiseta celeste y blanca. Los carteles electrónicos del recinto repetían una frase que capturaba el momento: "El último tango". Durante 21 años, esa imagen había sido costumbre. Ahora era historia.
Desde horas antes del partido, las familias habían comenzado a llegar. Máscaras que imitaban a Messi, camisetas con el número 10, banderas con mensajes de gratitud se multiplicaban en los alrededores del estadio de River Plate. Pablo Martín, de 42 años, había logrado conseguir dos entradas para él y su hijo Diego, de 12. "Es un día raro, estamos contentos de estar y también tristes porque se va", decía mientras se abría paso entre la multitud. Sofía, docente de 50 años, desplegaba una bandera que conectaba generaciones: "Gracias Lío, gracias selección por dejar en la memoria de mi hijo la misma emoción que vivimos nosotros en el 86". Para muchos en el estadio, Messi no era solo un futbolista. Era la banda sonora de sus vidas.
Cuando Messi llegó al estadio al caer la tarde, las cámaras capturaron lo que nadie quería ver: lágrimas corriendo por sus mejillas. Las tribunas gritaban "No se va, Messi no se va", como si el volumen de sus voces pudiera detener lo inevitable. El equipo que Scaloni había armado para esta noche incluía a Emiliano Martínez en el arco, una defensa con Giay, Romero, Otamendi y Tagliafico, mediocampistas como De Paul, Enzo Fernández y Mac Allister, y delanteros en Julián Álvarez y Lautaro Martínez. Enfrente estaba Benín, un equipo africano que no vino a ser mero decorado sino a competir.
El partido comenzó con retraso. Mientras esperaban, espectáculos musicales entretenían a la multitud. Una enorme camiseta albiceleste ocupaba casi un tercio del campo, con el número 10 y una palabra: "gracias". Cuando finalmente comenzó el juego, Messi se posicionó casi como delantero, del centro hacia la derecha. A los seis minutos generó la primera emoción con un remate que el portero despejó. Diez minutos después, el árbitro detuvo el juego para que el público, los fuegos artificiales y hasta los rivales saludaran al astro. Fue un momento que suspendió el fútbol mismo. Después de eso, Argentina cayó en una distracción que Benín supo aprovechar, generando algunos sustos al Dibu Martínez. Todas las ocasiones de peligro en el primer tiempo pasaron por los pies de Messi, aunque le faltó precisión para convertir.
En el segundo tiempo, el ritmo cambió. A los 47 minutos, un córner de Messi encontró el pie derecho de Otamendi y la pelota entró en la red. Con la diferencia marcada, Scaloni comenzó a hacer cambios. Nicolás Paz, recién ingresado, marcó el 2 a 0 tras una asistencia de Messi. El tercer gol llegó a los 70 minutos, cuando un defensor de Benín cometió un penal imprudente. Fue en ese momento cuando ocurrió lo que todos habían venido a ver: Messi convirtió su gol de despedida. Pudo haber marcado una o dos veces más, pero no sucedió. El marcador final fue 3 a 0.
Cuando terminó el partido, Messi tomó un micrófono en el centro del campo. Su voz temblaba. "No me queda más que agradecer", dijo. "Fue un orgullo defender esta camiseta más de 20 años. No venir más va a ser un dolor muy grande. Les juro que me gustaría poder venir toda la vida, porque jugar en la selección argentina es lo más lindo que te puede pasar". No solo él lloraba. Sus compañeros también derramaban lágrimas. Scaloni hacía esfuerzos por contener la emoción. "Hoy es el día más triste de mi carrera", continuó Messi. "Los voy a extrañar. Soy un agradecido por todo lo que me tocó vivir".
Antes de abandonar el campo, Messi recorrió todo el perímetro del estadio, saludando a los espectadores. Cuando finalmente se fue, lo hizo de noche, abrazado por sus compañeros y rodeado por su familia. Los números que dejaba atrás eran inalcanzables: más partidos jugados que cualquier otro en la historia de la selección, más goles, más asistencias. Pero lo que quedaba en el Monumental esa noche no era solo un récord. Era la gratitud de una multitud que había visto a un hombre convertir lo imposible en posible durante dos décadas, y que ahora debía aprender a vivir sin él.
Citations marquantes
Fue un orgullo defender esta camiseta más de 20 años. No venir más va a ser un dolor muy grande.— Lionel Messi, en el centro del campo después del partido
Es un día raro, estamos contentos de estar y también tristes porque se va— Pablo Martín, aficionado de 42 años que asistió al partido con su hijo