Hay partidos que cargan con más que un resultado: el regreso de Lionel Messi a las canchas con Inter Miami, apenas días después de anunciar su despedida de la Selección Argentina, convirtió un encuentro de liga ordinario en un ritual de cierre y continuidad. Frente a Atlanta United —dirigido por Gerardo Martino, uno de los hombres que más veces lo condujo como entrenador— Messi pisó el césped de Las Garzas llevando consigo el peso de una era concluida y la pregunta silenciosa de qué forma toma la grandeza cuando ya no hay más cimas nacionales que escalar.