En la política alemana, las elecciones regionales rara vez son solo locales: son el espejo en el que los líderes nacionales descubren su verdadero peso. Este domingo, Friedrich Merz lleva a las urnas algo más que la suerte de la CDU en varias regiones; lleva la legitimidad de su cancillería, presionada desde fuera por el avance de la AfD y desde dentro por voces de su propio partido que ya hablan abiertamente de relevo. El resultado no reescribirá de inmediato el mapa del poder en Berlín, pero sí trazará la línea entre la continuidad y la crisis.