En el otoño político de Alemania, Friedrich Merz contempla el derrumbe de lo que parecía una mayoría consolidada: la CDU ha caído del 37% al 17% en Sajonia-Anhalt, mientras la AfD avanza con una fuerza que redefine el mapa democrático del país. Un canciller que se ausentó de su propia campaña electoral enfrenta ahora preguntas que van más allá de la táctica partidista, rozando la pregunta más antigua de la política: ¿puede un líder que ha perdido la confianza de los suyos seguir siendo el rostro de una nación?