Las reformas prometidas por Merz no se han materializado en 16 meses, generando descontento tanto entre quienes exigen cambios más rápidos como entre opositores a recortes sociales. Merz es percibido como un multimillonario alejado de la realidad, exejecutivo de BlackRock, cuyas declaraciones desafortunadas y estilo autocrático erosionan su credibilidad política.
Merz, el canciller impopular que lucha por mantener su liderazgo tras los batacazos electorales
Un multimillonario alejado de la realidad que no sabe cómo vive la gente corriente
¿Por qué un canciller con tan poca popularidad sigue en el cargo si el 55% de los alemanes quiere que dimita?
Porque no hay alternativa clara dentro de su propio partido. La CDU lo respalda esta semana, aunque sea por falta de un plan B. Y existe la duda genuina de si otro líder evitaría la impopularidad que genera cualquier paquete de reformas.
Pero eso es especulación. Lo que sabemos es que Merz tiene cero experiencia gubernamental cuando llegó, y que sus reformas no se han materializado en 16 meses. ¿Eso es culpa de él o de la coalición con los socialdemócratas?
Probablemente de ambos. Pero lo que los expertos señalan es que Merz funciona en círculos reducidos, que no integra, que no construye coaliciones amplias. Eso dificulta sacar adelante cualquier cosa.
¿Y la imagen del multimillonario con avioneta privada? ¿Eso es un problema real o solo ruido mediático?
Es un problema real. En un país sin crecimiento económico, la percepción de que tu canciller está alejado de la realidad de la gente corriente erosiona la confianza. Aunque hay quien ve en él un gestor competente.
Pero la encuesta de Forsa es clara: 11% de aprobación. Eso no es ruido, eso es un dato. Y los fracasos electorales regionales son hechos, no percepciones.
¿Hasta cuándo creen que puede aguantar?
Los expertos dicen que hasta 2029, el final de la legislatura. Como mucho.
Aunque hay que notar que eso es una predicción, no una certeza. Lo que es cierto es que la gente ya se ha formado una imagen de él, y cambiar eso es muy difícil.
El Pulso
- Friedrich Merz es canciller desde mayo de 2025
- Solo el 11% de alemanes aprueba su gestión; el 55% demanda su dimisión
- Las reformas prometidas no se han materializado en 16 meses
- La CDU quedó fuera de un Parlamento regional por primera vez en su historia en Mecklemburgo-Pomerania Occidental
- Merz es exejecutivo de BlackRock y propietario de avioneta privada
Las reformas prometidas por Merz no se han materializado en 16 meses, generando descontento tanto entre quienes exigen cambios más rápidos como entre opositores a recortes sociales. Merz es percibido como un multimillonario alejado de la realidad, exejecutivo de BlackRock, cuyas declaraciones desafortunadas y estilo autocrático erosionan su credibilidad política.
Friedrich Merz, canciller alemán desde mayo de 2025, enfrenta una crisis de popularidad tras fracasos electorales regionales y reformas estancadas. Solo el 11% de alemanes aprueba su gestión mientras el 55% demanda su dimisión.
Friedrich Merz llegó a la cancillería alemana en mayo de 2025 con una misión clara: emprender reformas que sacaran al país de una crisis estructural profunda. Dieciséis meses después, esas reformas siguen sin materializarse. La industria automotriz se desmorona, el sistema de pensiones enfrenta presiones demográficas, y el descontento crece en dos direcciones opuestas: quienes creen que el Gobierno no actúa con suficiente rapidez, y quienes temen que los cambios anunciados recorten prestaciones sociales, sanidad y pensiones. Solo el 11% de los alemanes aprueba su trabajo. El 55% quiere que dimita.
Merz nunca ha sido un político que despertara pasiones. A los 70 años, nacido en Brilon, un pueblo de 25.000 habitantes en Sauerland, llegó a la cancillería sin experiencia gubernamental previa. Su trayectoria fue accidentada: rompió con Angela Merkel, se apartó de la política en 2009 para dedicarse a los negocios, y regresó en 2021. Fue elegido presidente de la CDU en 2024. Lo que lo define públicamente es su perfil de multimillonario: propietario de una avioneta privada, exejecutivo en Alemania de BlackRock, el mayor fondo de inversión del mundo. En un país que lleva años sin crecimiento económico, esa imagen juega en su contra.
La politóloga Julia Reuschenbach observa que la percepción sobre Merz no ha cambiado desde que asumió la cancillería. "En gran parte de Alemania, es considerado un multimillonario alejado de la realidad, que surca el país en jet privado y que no sabe cómo es la vida de la gente corriente", explica. Pero existe otra lectura: hay quienes ven en sus cualidades como gestor y líder lo que un país estancado necesita. Lo que complica su posición es un patrón de declaraciones desafortunadas que su equipo intenta corregir después. Esta semana, por ejemplo, abogó por más justicia social en la sanidad pública, en contra de la línea de su propio partido que defiende mantener los seguros privados. Reuschenbach lo describe como "el auténtico Merz": un hombre con objetivos sinceros y una brújula de valores, pero que a veces utiliza medios equivocados. El ejemplo más controvertido fue su voto conjunto con la ultraderechista AfD a finales de enero de 2025 para limitar la entrada de migrantes.
Los recientes fracasos electorales regionales han intensificado la presión. La CDU quedó fuera de un Parlamento regional por primera vez en su historia tras los resultados en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el antiguo feudo político de Merkel. En Sajonia-Anhalt, la ultraderecha le superó. Estos resultados llevaron a la excanciller a recordar públicamente la importancia de tender puentes, a imagen de Konrad Adenauer. Pero Merz sigue su propia línea. Fue criticado como el "Aussenkanzler", el canciller de Exteriores, por su dedicación a Europa, la OTAN y conflictos globales en detrimento de los asuntos internos. Ahora está enfrascado en reformas y ha presentado presupuestos con un endeudamiento récord por el plan de rearme del país.
Hajo Funke, catedrático de la Universidad Libre de Berlín, analiza que Merz ha intentado imponer una política más a la derecha que la de la CDU de Merkel, centrada en austeridad económica, que ahora está siendo castigada por los votantes. Lo describe como una persona muy ambiciosa con "hibris, arrogancia" y un estilo de liderazgo "autocrático". Carsten Koschmieder, otro politólogo, señala que aunque Merz no es carismático como Emmanuel Macron, la gente lo veía como sincero y como un conservador que entiende de economía. Esa imagen se ha erosionado. Con los índices de popularidad por los suelos, los expertos coinciden en que como mucho aguantará hasta 2029, el final de su legislatura.
En la crisis más grave de su mandato, Merz parece haber decidido simular normalidad. El grupo conservador se reunió esta semana y lo respalda, de momento. Se comprometió a mantener el rumbo de las reformas. Lo que juega a su favor es que no hay un plan B claro dentro de la CDU. Existe la duda de si un sucesor realmente lo haría mejor, o si también tendría que recortar el Estado del bienestar y se haría impopular rápidamente. Algo ha cambiado en el lenguaje de Merz desde la debacle electoral: ahora habla no solo de reformas, sino también de equidad en los seguros médicos, de empatía, de querer escuchar más. Pero Koschmieder observa que en realidad no ha cambiado mucho en el cargo. "No da la impresión de que intente integrar al mayor número posible de personas, aunque tengan una posición diferente, sino que se rodea de sus fieles y trata determinadas cuestiones en un círculo reducido". Eso le pasa factura para sacar adelante sus propuestas. "No tiene una red de contactos tan sólida, ni en las bases, ni en el grupo parlamentario", explica. "Parece preferir funcionar como un jefe", como un industrial del siglo XIX que decide qué va a pasar en el salón de fumadores con sus amigos.
Citas Notables
En gran parte de Alemania, es considerado un multimillonario alejado de la realidad, que surca el país en jet privado y que no sabe cómo es la vida de la gente corriente— Julia Reuschenbach, politóloga
La gente ya se ha formado una imagen de él y, aunque ahora cambie un poco, eso no va a modificarse— Carsten Koschmieder, politólogo