Mercados asiáticos suben tras repunte de Wall Street impulsado por optimismo en IA

La inflación desacelerando abre la puerta que los inversores llevan meses esperando
El dato de inflación de 3,4% en julio sugiere que la Reserva Federal podría pausar sus aumentos de tasas de interés.
Mark

¿Por qué un dato de inflación de 3,4% genera tanta reacción positiva en los mercados? Parece seguir siendo bastante alto.

Mimi

Lo es, pero el contexto es lo que cuenta. Hace un mes estaba en 3,5%, así que la dirección es hacia abajo. Los mercados viven de expectativas, y una inflación que desacelera es una señal de que la Reserva Federal podría dejar de subir tasas de interés. Eso abarata el costo del dinero para todos.

Mark

¿Y eso beneficia especialmente a las empresas de inteligencia artificial?

Mimi

Exactamente. Esas compañías han visto sus acciones multiplicarse en valor. Si las tasas suben, ese crecimiento futuro que prometen vale menos en términos presentes. Pero si las tasas se estabilizan, el mercado puede seguir apostando a ese crecimiento sin penalización.

Mark

Entonces el optimismo en IA no es realmente sobre la tecnología en sí, sino sobre el entorno financiero.

Mimi

Es ambos. Las ganancias que reportaron fueron reales y mejores de lo esperado. Pero sin un entorno de tasas estables o bajando, esos números no habrían importado tanto. La tecnología y el dinero barato siempre han sido pareja.

Mark

¿Por qué Australia bajó mientras el resto de Asia subía?

Mimi

Eso es una pregunta válida que el mercado aún está procesando. Podría ser factores locales, composición diferente de empresas, o simplemente que no todos los mercados responden al mismo ritmo a las mismas noticias globales.

Mark

¿Qué viene después? ¿Esto se sostiene?

Mimi

Depende de si la inflación sigue bajando y de si las ganancias de IA mantienen ese ritmo. Si cualquiera de esos dos se quiebra, el optimismo se desmorona rápido.

  • El Kospi surcoreano se disparó 3,9% y el Nikkei japonés subió 1,6%, señalando que el optimismo en torno a la IA no es un fenómeno exclusivamente occidental.
  • Las ganancias de empresas de inteligencia artificial superaron las proyecciones de analistas, disipando dudas sobre si las altas valoraciones del sector tenían sustento real.
  • La inflación en Estados Unidos bajó de 3,5% a 3,4% en julio, una caída modesta pero suficiente para que los mercados recalibraran sus expectativas sobre la Reserva Federal.
  • Los rendimientos del bono del Tesoro a 10 años cedieron levemente, reflejando la posibilidad de que los aumentos de tasas puedan pausarse, aunque siguen muy por encima de niveles previos al conflicto con Irán.
  • Los precios del petróleo retrocedieron, con el crudo estadounidense cerrando en 82,20 dólares por barril, aliviando parte de la presión inflacionaria geopolítica acumulada en semanas recientes.

En el amanecer del jueves asiático, los mercados de la región respondieron con alzas al pulso que dejó Wall Street la noche anterior: las empresas de inteligencia artificial reportaron ganancias que superaron expectativas, y la inflación estadounidense mostró una moderación que abre la puerta a una pausa en la política restrictiva de la Reserva Federal. No es euforia lo que mueve a los inversores, sino algo más sobrio y quizás más duradero: la confirmación de que ciertos números, por fin, están mejorando. En ese espacio entre la esperanza y la evidencia, los mercados asiáticos encontraron razones concretas para avanzar.

El jueves amaneció con los mercados asiáticos en movimiento alcista, siguiendo la estela de un Wall Street que había cerrado el miércoles rozando máximos históricos. El Nikkei 225 de Japón avanzaba 1,6% en las primeras operaciones, mientras el Kospi de Corea del Sur saltaba un vigoroso 3,9%. Hong Kong y Shanghái también sumaban ganancias moderadas, aunque Australia registraba la única nota discordante con una caída de 0,6%.

Detrás del movimiento había dos fuerzas convergentes. Por un lado, las empresas de inteligencia artificial habían reportado ganancias de primavera que superaron con claridad las estimaciones de los analistas, renovando la confianza en que el crecimiento del sector podía justificar sus elevadas valoraciones. No era especulación: eran cifras concretas que respaldaban el optimismo.

Por otro lado, un informe de inflación en Estados Unidos trajo alivio a los mercados. Los precios al consumidor subieron 3,4% interanual en julio, una mejora respecto al 3,5% de junio. Aunque la cifra sigue siendo elevada, la tendencia a la baja abrió la posibilidad de que la Reserva Federal pudiera aplazar nuevos aumentos de tasas, algo que los inversores llevaban meses esperando.

Los mercados de bonos y energía respondieron en consecuencia: el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años bajó levemente a 4,68%, y los precios del petróleo retrocedieron, con el crudo estadounidense cerrando en 82,20 dólares por barril. Era un reajuste de expectativas en tiempo real: no euforia, sino una recalibración medida hacia el optimismo, sostenida por números que, por ahora, apuntan en la dirección correcta.

Tokio amanecía con los mercados asiáticos en movimiento alcista el jueves, alimentados por la onda expansiva que dejó Wall Street la noche anterior. El optimismo global sobre las acciones vinculadas a inteligencia artificial y semiconductores seguía ganando terreno, y los inversores en la región asiática no tardaron en responder. El Nikkei 225 de Japón avanzaba 1,6% en las primeras operaciones de la jornada. Más al sur, el Kospi de Corea del Sur mostraba un desempeño aún más vigoroso, saltando 3,9%. El Hang Seng de Hong Kong subía casi 0,1%, mientras que el Compuesto de Shanghái ganaba 0,4%. La única nota discordante llegaba desde Australia, donde el S&P/ASX 200 retrocedía 0,6%.

Lo que impulsaba este movimiento era una combinación de factores que convergían en el mercado global. Wall Street había cerrado el miércoles apenas por debajo de un récord histórico, respaldado por noticias sólidas del sector tecnológico. Las empresas de inteligencia artificial habían reportado ganancias en la primavera que superaban las expectativas de los analistas, renovando la confianza de que estos negocios podían justificar las enormes valoraciones que habían alcanzado sus acciones. No era especulación pura; eran números concretos que mostraban que el crecimiento podía ser real y sostenido.

Pero había más en la ecuación. Un informe sobre inflación en Estados Unidos llegó con noticias que los mercados recibieron con alivio. Los consumidores estadounidenses habían pagado en julio precios 3,4% más altos que un año antes por gasolina, comestibles y otros productos. Era una cifra elevada, sin duda, pero representaba una mejora respecto al 3,5% de junio. La tendencia importaba. Esa desaceleración, aunque modesta, abría una puerta que los inversores llevaban meses esperando: la posibilidad de que la Reserva Federal pudiera pausar sus aumentos de tasas de interés.

Los rendimientos de los bonos del Tesoro respondieron inmediatamente a esta perspectiva. El bono a 10 años bajó de 4,70% a 4,68%, un movimiento que refleja cómo los mercados de renta fija recalibran sus expectativas cuando cambia el panorama de política monetaria. Sin embargo, incluso con esta caída, los rendimientos seguían muy por encima del 3,97% que prevalecía antes de que la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán desatara temores de inflación y presionara los precios del petróleo hacia arriba.

En los mercados de energía, el alivio era visible. El crudo de referencia estadounidense bajó 1,07 dólares, cerrando en 82,20 dólares por barril. El Brent, el estándar internacional, cayó 1,01 dólares a 87,97 dólares por barril. Estos movimientos a la baja en los precios del petróleo reflejaban la reducción de las primas de riesgo geopolítico que habían estado presentes en los mercados durante semanas.

Lo que estaba ocurriendo era un reajuste de expectativas en tiempo real. Los inversores en Asia se despertaban a un mundo donde la inteligencia artificial seguía siendo el motor del crecimiento, donde la inflación mostraba signos de moderación, y donde los bancos centrales podrían tener más flexibilidad de la que parecía posible hace poco. No era euforia desenfrenada, sino más bien una recalibración hacia el optimismo medido. Los números importaban, y por ahora, los números estaban mejorando.

Las empresas de inteligencia artificial reportaron ganancias en la primavera que superaban las expectativas de los analistas
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