En un país donde los gobiernos han caído con la regularidad de las estaciones, Giorgia Meloni alcanzó en septiembre de 2026 un hito que Italia rara vez había contemplado: la permanencia sostenida en el poder. La Primera Ministra celebró este récord histórico de longevidad gubernamental no como un accidente de la fortuna política, sino como la reforma más profunda que podía ofrecer a una nación acostumbrada a la inestabilidad. En el espejo de la historia italiana, la continuidad misma se convierte en argumento, aunque no todos estén dispuestos a aceptarlo como victoria.