Cada semana, millones de personas depositan en un número la esperanza de una vida distinta. El viernes 4 de septiembre, Mega Millions ofreció esa posibilidad por $177 millones, un fondo que creció pacientemente desde finales de julio, cuando un afortunado en Florida se llevó $800 millones y dejó el pozo vacío para que otros soñaran de nuevo. La lotería, que lleva tres décadas tejiendo esta promesa en casi todo el territorio estadounidense, recuerda que el azar es, ante todo, un espejo de la esperanza humana.