Ante la imposibilidad de sostener aulas abiertas a tiempo completo por la crisis energética, la Universidad de Cienfuegos ha convertido cada clínica, consultorio y hogar de ancianos de la provincia en un espacio de formación médica. Lo que comenzó como restricción se ha transformado en filosofía pedagógica: la universidad que trasciende sus propios muros. El reto no es solo logístico sino humano — sostener la calidad formativa cuando la estructura que la contiene es, por naturaleza, propensa a fragmentarse.
Medicina desde la base: descentralización docente en Cienfuegos
La Universidad va más allá de los muros universitarios
¿Por qué la universidad no simplemente espera a que se resuelva la crisis energética para volver a la enseñanza presencial normal?
Porque no saben cuándo se resolverá. Mientras tanto, los estudiantes necesitan formarse. Así que decidieron trabajar con lo que tienen: profesores con experiencia en educación remota y una red de salud que ya existe.
Pero eso asume que la red de salud tiene capacidad de supervisar a estudiantes mientras enseña a pacientes. ¿Hay datos sobre cuántos profesores hay disponibles en cada institución?
No aparecen números específicos sobre eso. Ponce menciona que el claustro del policlínico "va a ser facilitador", pero no dice cuántos son o cómo se distribuyen.
¿Entonces los estudiantes de medicina están aprendiendo cirugía en una casa de abuelos?
No. Las asignaturas básicas se dan concentradas en la universidad. La educación en el trabajo es aplicación práctica de lo que ya aprendieron en teoría. Un estudiante de quinto año que ya conoce procedimientos está trabajando con adultos mayores bajo supervisión.
¿Bajo supervisión de quién? ¿Hay un profesor presente o solo un médico del hospital que además tiene sus propios pacientes?
El artículo no lo especifica. Solo dice que hay contacto con el profesor jefe una vez a la semana.
Eso suena como mucho tiempo sin contacto directo para alguien aprendiendo medicina.
Es verdad. Pero la alternativa es no aprender nada mientras hay apagones. Es un compromiso entre lo ideal y lo posible.
¿Y cómo se evalúa si un estudiante realmente está adquiriendo las habilidades necesarias? El artículo menciona "participación en la educación en el trabajo cada semana", pero eso es vago.
Vago es la palabra correcta. Parece que están midiendo asistencia y tareas, no necesariamente competencia clínica.
El Pulso
- La crisis energética hace casi inviable mantener las instalaciones universitarias operativas a tiempo completo, obligando a una reconfiguración urgente del modelo educativo.
- Ciento cincuenta y ocho estudiantes en Lajas dependen ahora de una coordinación entre universidad y red de salud que no existía antes, distribuyendo su formación entre pantallas y camas de hospital.
- Los profesores del Policlínico Dr. Enrique Barnet aplican la experiencia adquirida durante la pandemia para orientar tareas a distancia y evaluar desempeño en el trabajo, no solo exámenes escritos.
- Estudiantes de quinto año ya trabajan esta semana en casas de abuelos, cerrando en tiempo real la brecha entre el módulo en línea y la atención a personas vulnerables.
- La jefa de docencia advierte que el sistema no funciona por inercia: exige organización, compromiso institucional y autodisciplina estudiantil para no fragmentarse bajo su propio peso.
Ante la imposibilidad de sostener aulas abiertas a tiempo completo por la crisis energética, la Universidad de Cienfuegos ha convertido cada clínica, consultorio y hogar de ancianos de la provincia en un espacio de formación médica. Lo que comenzó como restricción se ha transformado en filosofía pedagógica: la universidad que trasciende sus propios muros. El reto no es solo logístico sino humano — sostener la calidad formativa cuando la estructura que la contiene es, por naturaleza, propensa a fragmentarse.
La crisis energética que atraviesa Cuba ha obligado a la Universidad de Cienfuegos a reimaginar la enseñanza médica. Este curso académico, las aulas tradicionales ceden ante un modelo híbrido donde la teoría llega a través de pantallas y la práctica ocurre en clínicas, consultorios y hogares de ancianos dispersos por la provincia.
Tania Ponce, jefa del Departamento de Docencia del Policlínico Universitario Dr. Enrique Barnet, sintetiza la nueva filosofía en una frase que se ha vuelto lema del curso: "La Universidad va más allá de los muros universitarios". Lo que suena a eslogan es, en realidad, una necesidad convertida en estrategia: con las restricciones energéticas haciendo imposible mantener las instalaciones abiertas a tiempo completo, el sistema nacional de salud completo pasa a funcionar como espacio de formación.
En el municipio de Lajas, la descentralización tiene cifras concretas: sesenta y seis estudiantes de pregrado en medicina, estomatología, enfermería y otras disciplinas, más quince de técnico superior en ciclo corto y setenta y siete en formación técnica profesional. Ciento cincuenta y ocho estudiantes cuya educación depende de una coordinación que antes no existía.
Las asignaturas básicas mantienen presencialidad concentrada por bloques según el año cursado. El resto del tiempo, la teoría se imparte a distancia: los profesores orientan tareas semanales y mantienen contacto directo una vez por semana. Lo que distingue este modelo de la educación a distancia convencional es la educación en el trabajo — estudiantes de quinto año fueron ubicados esta semana en casas de abuelos, aplicando en tiempo real lo aprendido en módulos en línea.
El claustro del policlínico ya tiene experiencia en esto: la pandemia de COVID-19 los obligó a adaptarse a la enseñanza remota, y esa experiencia circunstancial se convierte ahora en activo pedagógico. La evaluación también es distinta — no solo exámenes escritos, sino respuesta a tareas, desempeño en clase y participación semanal en el trabajo.
Ponce, sin embargo, es clara sobre lo que falta: organización, compromiso y responsabilidad. El sistema no funciona por inercia. Requiere que cada institución de salud asuma su rol docente, que cada profesor esté disponible a distancia y que cada estudiante sea disciplinado sin supervisión directa. La contingencia energética ha forzado una innovación real, pero su éxito depende de si la red de salud y la universidad logran mantener unida una estructura que, por naturaleza, tiende a fragmentarse.
La crisis energética que atraviesa el país ha obligado a la Universidad de Cienfuegos a reimaginar cómo se enseña medicina. Este curso académico marca un punto de quiebre: las aulas tradicionales ceden espacio a un modelo híbrido donde la teoría llega a través de pantallas y la práctica ocurre en clínicas, consultorios y hogares de ancianos dispersos por toda la provincia.
Tania Ponce, jefa del Departamento de Docencia del Policlínico Universitario Dr. Enrique Barnet, resume la filosofía que sostiene este cambio con una frase que se ha convertido en el lema del nuevo curso: "La Universidad va más allá de los muros universitarios". Lo que suena como un eslogan es, en realidad, una necesidad práctica convertida en estrategia pedagógica. Con las restricciones energéticas haciendo casi imposible mantener las instalaciones universitarias abiertas a tiempo completo, la institución ha decidido que el sistema nacional de salud completo —cada clínica, cada consultorio, cada institución de atención— funcione como espacio de formación.
En el municipio de Lajas, esta descentralización tiene números concretos. Sesenta y seis estudiantes de pregrado en medicina, estomatología, enfermería, nutrición, rehabilitación, óptica, bioanálisis, imageneología y servicios estomatológicos reciben su formación distribuida entre la universidad y la red de salud local. A ellos se suman quince estudiantes de técnico superior en ciclo corto y setenta y siete en formación técnica profesional. En total, ciento cincuenta y ocho estudiantes cuya educación depende ahora de una coordinación que no existía antes.
Las asignaturas básicas de la carrera mantienen su presencialidad, pero concentrada. Los estudiantes asisten a la universidad en bloques según el año que cursan, recibiendo la instrucción fundamental que requieren para desarrollar las habilidades propias de la profesión médica. El resto del tiempo, la teoría se imparte a distancia. Los profesores orientan tareas semanales y mantienen contacto directo con los estudiantes una vez por semana. Algunas asignaturas están diseñadas para que los estudiantes las desarrollen de forma autónoma, avanzando a su propio ritmo.
Lo que distingue este modelo de la educación a distancia convencional es la educación en el trabajo. No es un concepto abstracto sino la aplicación directa de lo aprendido. Estudiantes de quinto año, por ejemplo, fueron ubicados esta semana en casas de abuelos, trabajando con adultos mayores y atendiendo a personas vulnerables en instituciones de salud. El vínculo entre lo que leen en un módulo en línea y lo que hacen en una cama de hospital ocurre en tiempo real.
El Policlínico Universitario Dr. Enrique Barnet cuenta con un claustro de profesores que ya tiene experiencia en este tipo de trabajo. Durante la pandemia de COVID-19, la universidad se vio obligada a adaptarse a la enseñanza remota y semipresencial. Esa experiencia, aunque fue circunstancial, ahora se convierte en un activo. Los profesores saben cómo facilitar contenido desde la distancia, cómo estructurar tareas que tengan sentido sin la presencia física constante, cómo evaluar no solo exámenes sino participación y desempeño en el trabajo.
La evaluación en este nuevo sistema es multidimensional. No se trata solo de calificaciones en pruebas escritas. Se considera la respuesta a cada tarea docente, el desempeño en clase, y crucialmente, la participación en la educación en el trabajo cada semana. Ponce menciona también iniciativas complementarias: la apertura de una Casa FEU en la casa de abuelos y en el hogar materno, y una red juvenil comunitaria donde los estudiantes participan en prevención de enfermedades que afectan la salud de la población.
Pero Ponce es clara sobre lo que falta. El proceso requiere todavía mucha organización, compromiso, y sobre todo responsabilidad con la formación profesional de los estudiantes. No es un sistema que funcione por inercia. Requiere que cada institución de salud entienda que es también un espacio docente, que cada profesor esté disponible para orientar a distancia, que cada estudiante sea disciplinado en un entorno donde nadie lo supervisa directamente. La contingencia energética ha forzado una innovación, pero su éxito depende de si la red de salud y la universidad pueden mantener unida una estructura que, por naturaleza, tiende a fragmentarse.
Citas Notables
La Universidad va más allá de los muros universitarios— Tania Ponce, Jefa del Departamento de Docencia
El proceso requiere todavía mucha organización, comprometimiento, y sobre todo responsabilidad con la formación profesional de los estudiantes— Tania Ponce