Mazzucato: «La vivienda es un derecho humano y la base de todo lo demás»

La entrevista menciona el desahucio de Maricarmen en España como ejemplo de precariedad habitacional que afecta directamente a personas sin acceso a vivienda digna.
La vivienda es un derecho humano y la base de todo lo demás
Mazzucato rechaza que la vivienda sea solo un bien asequible y la sitúa como fundamento de cualquier economía que funcione para todos.
Mark

Cuando habla de reconfigurar el mercado de la vivienda antes de que aparezca la crisis, ¿qué significa exactamente en términos de política pública?

Mimi

Significa que en lugar de esperar a que haya desahucios y gente en la calle, los gobiernos deben establecer desde el principio condiciones sobre quién puede construir, cuánto puede especular, y desarrollar un mercado de vivienda social tan grande que establezca los términos de todo el sector. Viena lo hace así.

Luke

Pero ¿cuántos gobiernos tienen realmente el poder político para hacer eso? Mazzucato habla de esto como si fuera una decisión técnica, cuando en realidad es una batalla contra fondos de inversión muy poderosos.

Mark

Ella critica a los gobiernos progresistas por no haber encontrado respuestas adecuadas. ¿Qué gobiernos específicamente ha visto implementar estas ideas?

Mimi

Ha trabajado con Carlos Cuerpo en España y ha estado en Brasil y México. Pero la entrevista no detalla qué han logrado realmente en el terreno.

Luke

Exacto. Dice que está obsesionada por ver cómo sus ideas mejoran la vida de las personas, pero en esta entrevista no hay un solo ejemplo concreto de una política que haya funcionado.

Mark

Su distinción entre redistribución y predistribución parece central. ¿Cómo se traduce eso a la vivienda?

Mimi

Predistribución significa diseñar el sistema desde el principio para que funcione para todos, no reparar después. En vivienda, significa que antes de que exista un mercado especulativo, ya hay reglas sobre quién puede construir y para quién.

Luke

Pero eso requiere que el Estado sea capaz de actuar antes de que el mercado se forme. En muchos países, el mercado ya existe y es muy poderoso. ¿Cómo se revierte eso?

Mark

Dice que la gente está impaciente, no que sea demasiado impulsiva. ¿No es eso un poco optimista?

Mimi

Lo que quiere decir es que la gente quiere soluciones ahora, no promesas para 2050. Y tiene razón: durante la pandemia actuamos rápido cuando fue necesario.

Luke

Pero la pandemia fue una emergencia clara. ¿Cómo convences a la gente de que la vivienda es una emergencia igual? Ese es el trabajo político real que no aparece en la entrevista.

Mark

Sobre la IA, es muy dura. ¿Está siendo justa?

Mimi

Señala hechos: la tecnología fue desarrollada con fondos públicos, la IA se entrenó parcialmente con trabajo en África en condiciones explotadoras, y las empresas no pagan impuestos. Eso es verificable.

Luke

Sí, pero también dice que China lo hace mejor con DeepSeek. ¿Basado en qué? ¿Ha visto los datos sobre las condiciones laborales en China? La entrevista no lo explica.

  • Mariana Mazzucato, economista italoestadounidense nacida en Roma en 1968
  • Ha trabajado con el ministro de Economía español Carlos Cuerpo en un Consejo Global para una Economía del Bien Común
  • Propone frenar especuladores, imponer condiciones a promotores y desarrollar un mercado de vivienda social comparable al de Viena
  • Critica que la IA se ha construido sobre explotación laboral en África y que las empresas tecnológicas no pagan impuestos

La vivienda debe ser un derecho humano y base de todo lo demás, no solo un bien asequible; requiere reconfigurar el mercado antes de que aparezcan crisis. Mazzucato propone pasar de 'bienes públicos' a 'bien común' como objetivo ex ante, con participación ciudadana en el diseño de misiones concretas y sostenibles.

La economista Mariana Mazzucato defiende que la vivienda es un derecho humano fundamental y propone que los gobiernos reorienten la economía hacia el bien común, frenando especuladores e imponiendo condiciones a promotores.

Mariana Mazzucato regresa a su casa de Camden en Londres con la energía de quien acaba de pasar semanas en Brasil y México trabajando directamente con comunidades locales, sin que el desfase horario parezca afectarla. La economista italoestadounidense, nacida en Roma en 1968, es buscada por gobiernos progresistas de todo el mundo que quieren sus consejos sobre cómo repensar la economía. Su obsesión declarada es ver cómo sus ideas se traducen en mejoras concretas para la vida de las personas.

En su último libro, Bien común. Una nueva economía que funciona para todos, Mazzucato propone un cambio fundamental en la forma en que pensamos sobre el rol del Estado y la economía. Ha trabajado con el ministro de Economía español, Carlos Cuerpo, para impulsar la creación de un Consejo Global para una Economía del Bien Común. Pero cuando se le pregunta sobre el caso de Maricarmen, el desahucio que ha generado un movimiento popular en España, su respuesta es directa: la vivienda no debería ser simplemente asequible. Es un derecho humano y el fundamento sobre el que descansa todo lo demás.

El sistema actual, explica, favorece primero a los fondos de inversión y a los constructores. Un enfoque centrado en el bien común pondría a las personas en primer lugar, junto con el planeta y el derecho de cada uno a permanecer en su barrio. Los gobiernos progresistas hasta ahora no han encontrado respuestas adecuadas porque actúan tarde, cuando los problemas ya han aparecido. Lo que se necesita es reconfigurar el mercado de la vivienda antes de que la crisis llegue: imponer condiciones a los promotores, frenar a los especuladores y desarrollar un mercado de vivienda social tan robusto como el de Viena, que sea capaz de imponer los términos de la construcción.

Mazzucato distingue entre dos enfoques económicos fundamentales. El primero ve al Estado como un reparador de agujeros creados por el sector privado. El segundo, que ella defiende, trata el bien común como un objetivo previo, donde lo importante es cómo se relacionan entre sí el capital, el trabajo, lo público, lo privado, el Estado y los ciudadanos. Esto requiere pasar de la redistribución a la predistribución, es decir, diseñar el sistema desde el principio para que funcione para todos. Los ciudadanos deben participar en el diseño de estas misiones concretas, no porque la toma de decisiones deba ser de abajo hacia arriba, sino porque muchas personas se sienten dejadas atrás y enfadadas. Esa frustración alimenta a los políticos populistas. El mejor antídoto contra la desconfianza hacia los gobiernos es trabajar con la comunidad, escuchar sus voces, incorporar la experiencia de quienes viven directamente los problemas de vivienda, transporte o política alimentaria.

Cuando se le sugiere que sus propuestas requieren una planificación a largo plazo que podría fracasar en una sociedad polarizada y movida por impulsos de redes sociales, Mazzucato invierte la lógica: la gente está impaciente, no es que sea demasiado impulsiva. Lo que falta es abandonar la palabrería y actuar. Asegurar que cada niño en Londres, Barcelona o Ciudad de México tenga acceso a sanidad y a un almuerzo saludable no es complicado. El dinero debe aprobarse ya, no convertirse en un objetivo para 2030 o 2050. Durante la pandemia, nadie habló de objetivos futuros; se aplicaron instrumentos de guerra inmediatamente. ¿Por qué no hacemos lo mismo ahora? Porque a nadie le importan estos objetivos, pero sabemos perfectamente cómo resolverlos.

Sobre la incertidumbre geopolítica actual, Mazzucato señala que estamos en la situación más problemática desde los años sesenta, pero la Guerra Fría mantenía todo estable y permitía invertir en salud y educación. Ahora hemos decidido incrementar el gasto en defensa, lo que significa, aunque nadie lo diga abiertamente, hacerlo a costa de otras necesidades. Estamos regresando a la austeridad, algo que califica de estúpido: si dejas de invertir en salud o educación, será el Estado el que tenga que reparar después el daño causado. Si el gasto en defensa es inevitable, al menos debe hacerse de forma inteligente, estimulando la innovación en lugar de simplemente financiar bombas y tanques. Redefinir la seguridad en términos de resiliencia, soberanía, seguridad hídrica, energética y sanitaria podría cambiar el enfoque.

En cuanto a la migración, Mazzucato subraya que tiene una dimensión económica que el debate actual ignora. La gente migra porque sus economías tienen dificultades, algo directamente relacionado con cómo hemos interactuado con esos países. Mecanismos como el Ajuste en Frontera por Carbono perjudican a países africanos que no han podido hacer las inversiones necesarias. La solución pasa por acuerdos de transferencia de conocimiento e inversión. Frente al pesimismo sobre el colapso del orden internacional, Mazzucato propone que países con valores similares, como España, Brasil, México y Sudáfrica, forjen coaliciones. Ser progresista significa creer en el progreso, no en cerrar fronteras ni en sistemas impositivos que transfieren dinero de los pobres a los ricos.

Sobre la inteligencia artificial, Mazzucato es contundente: rechaza llamar tech bros a los creadores de estas tecnologías. Son simplemente mafiosos. Toda la tecnología que utilizan fue desarrollada por gobiernos; ellos solo navegaron esa ola sin pagar impuestos y abusando laboralmente a escala global. La historia de la IA y muchos modelos de lenguaje se ha construido sobre un esfuerzo en África que roza la esclavitud, y están siendo sobrefinanciados. China, al menos, está pensando de forma más estratégica: su modelo DeepSeek usa menos carbono y agua, algo que merece consideración.

Los gobiernos necesitan configurar de antemano el mercado de la vivienda, imponiendo condiciones a los promotores y frenando a los especuladores
— Mariana Mazzucato
Toda la tecnología que usan fue desarrollada por los gobiernos. Se limitaron a navegar esa ola, sin pagar impuestos
— Mariana Mazzucato, sobre los creadores de IA
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