La economista Mariana Mazzucato ha vuelto a interpelar los fundamentos del orden económico contemporáneo, esta vez señalando la vivienda no como un activo financiero sino como el suelo firme sobre el que se edifica la vida humana. Su argumento, formulado con la claridad de quien lleva décadas cuestionando los supuestos que aceptamos sin examinar, es que ninguna sociedad puede llamarse funcional si permite que millones de personas carezcan de un hogar digno. La urgencia no es retórica: en ciudades de todo el mundo, los precios de la vivienda se han desconectado de los ingresos reales, convirtie
Mazzucato: la vivienda es un derecho humano y cimiento de la sociedad
La vivienda es la base sobre la que se construye todo lo demás
¿Qué quiere decir exactamente Mazzucato cuando afirma que la vivienda es "la base de todo lo demás"? ¿Es una metáfora o está hablando de algo medible?
Es ambas cosas. Literalmente, si no tienes dónde vivir, no puedes trabajar de forma estable, no puedes mantener la salud, no puedes educar a tus hijos. Pero también es una afirmación sobre cómo estructuramos la economía. La vivienda debería ser infraestructura social, como las carreteras.
Pero el artículo es muy breve. No sabemos si Mazzucato está proponiendo soluciones específicas, si está criticando a gobiernos concretos, o si simplemente está haciendo una declaración de principios. ¿Hay datos sobre cómo esto afecta a la productividad económica o es principalmente un argumento moral?
Eso es un buen punto. ¿Hay evidencia de que cuando la vivienda es más accesible, la economía funciona mejor?
Hay investigación que sugiere que la inseguridad de vivienda reduce la productividad laboral y aumenta los costos de salud. Pero tienes razón en que el artículo no entra en esos detalles.
Exacto. Sabemos lo que Mazzucato cree, pero no sabemos qué políticas específicas está recomendando, en qué países está siendo escuchada, o si hay gobiernos que ya están implementando su enfoque. Eso sería el siguiente paso del reportaje.
Entonces, ¿el argumento es que los gobiernos deberían construir más vivienda pública, o regular los precios, o ambas cosas?
Probablemente ambas. Pero el artículo no lo especifica. Lo que sí queda claro es que Mazzucato rechaza la idea de que la vivienda sea simplemente un bien de mercado.
Y eso es importante, porque es un desafío directo a cómo muchos países han estructurado sus políticas de vivienda en los últimos 40 años. Pero sin ejemplos concretos de lo que funcionaría, el argumento permanece en el nivel de los principios.
Der Puls
- Los precios de la vivienda en las grandes ciudades occidentales han superado con creces los ingresos locales, dejando a jóvenes y familias de clase media sin opciones reales.
- Inversores institucionales adquieren viviendas como activos financieros, agravando la escasez para quienes simplemente necesitan un lugar donde vivir.
- Mazzucato advierte que sin acceso seguro a la vivienda, la educación, la salud, el trabajo y la participación cívica se deterioran en cadena.
- Su propuesta desafía la lógica dominante: los gobiernos deben garantizar la vivienda como infraestructura social básica, no dejar que el mercado la asigne solo a quienes pueden pagarla.
- La conversación política comienza a moverse, aunque lentamente, hacia repensar el acceso a la vivienda como una prioridad de derechos humanos y no como una variable de mercado.
La economista Mariana Mazzucato ha vuelto a interpelar los fundamentos del orden económico contemporáneo, esta vez señalando la vivienda no como un activo financiero sino como el suelo firme sobre el que se edifica la vida humana. Su argumento, formulado con la claridad de quien lleva décadas cuestionando los supuestos que aceptamos sin examinar, es que ninguna sociedad puede llamarse funcional si permite que millones de personas carezcan de un hogar digno. La urgencia no es retórica: en ciudades de todo el mundo, los precios de la vivienda se han desconectado de los ingresos reales, convirtiendo un derecho en un privilegio.
Mariana Mazzucato, cuya trayectoria académica ha consistido en cuestionar los supuestos económicos que damos por sentados, sostiene una tesis que incomoda a quienes han prosperado con el mercado inmobiliario: la vivienda no es una mercancía para especular, sino un derecho humano fundamental y un cimiento estructural de la sociedad.
Detrás de esta afirmación hay una observación concreta: cuando alguien carece de un hogar seguro, todo lo demás se desmorona. La educación se vuelve más difícil, la salud se deteriora, la capacidad de trabajar y de participar en la vida cívica queda comprometida. Mazzucato no trata la vivienda como un problema social aislado que requiere caridad, sino como la base sin la cual los mercados laborales, la movilidad social y la innovación no pueden funcionar bien.
El contexto que rodea su argumento es urgente. En muchas ciudades, los precios se han desvinculado por completo de los ingresos locales. Los jóvenes no pueden vivir donde trabajan. Las familias son desplazadas por la gentrificación. Los fondos de inversión compran viviendas no para habitarlas, sino como activos financieros. Para Mazzucato, esto no es una ley natural de la economía, sino una falla deliberada de política pública.
Su conclusión es tan sencilla como exigente: si la vivienda es un derecho humano, debe ser tratada como tal en la arquitectura de nuestras políticas, del mismo modo que garantizamos carreteras, educación o agua potable. Hemos confundido los medios con los fines, dice en esencia. La economía existe para servir a las personas, no al revés.
Mariana Mazzucato, la economista italiana cuyo trabajo ha redefinido cómo pensamos sobre el valor público y la innovación, sostiene una posición que desafía la lógica de mercado que ha dominado las políticas de vivienda durante décadas: la casa no es una mercancía para especular, sino un derecho humano fundamental. En una intervención reciente, Mazzucato fue directo en su diagnóstico: la vivienda es la base sobre la que se construye todo lo demás en una sociedad funcional.
Esta afirmación no es retórica vacía. Detrás está la observación de que cuando una persona no tiene acceso seguro a una vivienda digna, todo lo demás se desmorona. La educación se vuelve más difícil de perseguir. La salud se deteriora. La capacidad de trabajar, de ahorrar, de participar plenamente en la vida cívica se ve comprometida. Mazzucato ha pasado su carrera académica cuestionando los supuestos económicos que aceptamos sin examinar, y aquí aplica ese mismo escrutinio a un problema que afecta a millones de personas en ciudades de todo el mundo.
Lo que distingue el argumento de Mazzucato es que no separa la vivienda del resto de la economía, como si fuera un problema social aislado que requiere caridad o asistencia. La presenta como un cimiento estructural. Sin vivienda segura, los mercados laborales no funcionan bien. Sin vivienda segura, la movilidad social se estanca. Sin vivienda segura, la innovación y el emprendimiento se ven limitados porque las personas gastan energía en la supervivencia en lugar de en crear valor.
Esta perspectiva tiene implicaciones claras para la política pública. Si la vivienda es un derecho humano y no una mercancía, entonces los gobiernos tienen una responsabilidad diferente. No se trata simplemente de dejar que el mercado asigne viviendas a quienes pueden pagarlas. Se trata de garantizar acceso como parte de la infraestructura social básica, similar a cómo garantizamos carreteras, educación o agua potable.
El contexto es urgente. En muchas ciudades occidentales, los precios de la vivienda se han desvinculado completamente de los ingresos locales. Los jóvenes profesionales no pueden permitirse vivir donde trabajan. Las familias de clase media son desplazadas por la gentrificación. Los inversores institucionales compran viviendas no para vivir en ellas, sino como activos financieros. Mazzucato ve en todo esto una falla de política pública, no una ley natural de la economía.
Su posición invita a una pregunta incómoda para quienes han construido fortunas en el mercado inmobiliario: ¿cuál es el propósito de una economía que produce riqueza pero deja a millones sin un lugar seguro donde dormir? Si la vivienda es verdaderamente un derecho humano, entonces debe ser tratada como tal en la arquitectura de nuestras políticas, no como un bien de lujo que solo algunos pueden permitirse. Lo que Mazzucato está diciendo, en esencia, es que hemos confundido los medios con los fines. La economía existe para servir a las personas, no al revés.
Bemerkenswerte Zitate
La vivienda es un derecho humano y la base sobre la que se construye todo lo demás en la sociedad— Mariana Mazzucato, economista