Matteo Salvini en su hora más baja: pierde 15 puntos y enfrenta rebelión interna

El extremismo y las dudas no conducen a nada bueno
Fuentes de la patronal italiana sobre el giro que exigen a Salvini hacia la moderación y la gestión.
Mark

¿Cómo es posible que alguien que alcanzó el 34,5 por ciento en europeas pierda quince puntos en dos años?

Mimi

Porque construir es más difícil que destruir. Salvini fue brillante identificando el descontento, pero cuando llegó el momento de gobernar de verdad —durante la pandemia, con decisiones sobre vacunas— su estrategia de confrontación permanente chocó con la realidad. Los empresarios del norte necesitaban que funcionara la economía, no discursos.

Mark

¿Por qué sus propios barones lo traicionan ahora?

Mimi

No es traición exactamente. Es que la Liga siempre fue un partido de gestión, de gente que quería hacer cosas. Fedriga y Zaia son gobernadores que tienen que gobernar regiones. Salvini se fue hacia el populismo puro, hacia los selfis con Nutella. Eso no es lo que ellos quieren.

Mark

¿Qué significa que Giorgetti contradiga públicamente a Salvini?

Mimi

Significa que el miedo se acabó. Durante años, nadie se atrevía a cuestionar a Salvini porque su máquina de redes sociales era brutal. Pero cuando un ministro de tu propio partido se atreve a contradecirte en público sobre un tema central, es porque sabe que hay otros dispuestos a respaldar esa disidencia.

Mark

¿Puede Luca Zaia realmente reemplazarlo?

Mimi

Es el candidato perfecto para lo que el establishment del norte quiere: un gobernador que ha demostrado capacidad de gestión, que entiende Europa, que no asusta a los empresarios. Pero la Liga no tiene mecanismos para derrocar líderes. Eso es lo extraño. Tendrían que inventar nuevas reglas.

Mark

¿Qué pasa si pierde en octubre?

Mimi

Entonces la rebelión se acelera. Las elecciones municipales son el termómetro. Si la Liga pierde en sus bastiones tradicionales, los barones tendrán el argumento que necesitan para forzar un cambio de rumbo o de líder.

Mark

¿Y Forza Italia?

Mimi

Es el verdadero ganador de esta crisis. Berlusconi está viendo cómo su partido crece mientras la Liga se desmorona, sin que él tenga que hacer nada. Solo necesita un sucesor visible.

  • Salvini ha perdido 15 puntos de apoyo en un año, pasando de líder hegemónico a figura cuestionada incluso dentro de su propio partido.
  • Su resistencia a la vacunación obligatoria desató una rebelión abierta: gobernadores regionales, empresarios del norte y su propio ministro Giorgetti lo contradijeron públicamente.
  • Mario Draghi ha neutralizado su estrategia de confrontación permanente al centralizar las decisiones y aislar a Salvini de los pactos bilaterales de la coalición.
  • Las elecciones municipales del 3 de octubre amenazan con hundir a la coalición de derechas en las cinco principales ciudades, agravando la herida interna de la Liga.
  • Forza Italia emerge como el único partido de la coalición que crece en las encuestas, ofreciendo a los votantes de derecha una alternativa moderada y cooperadora con el Gobierno.

Durante casi una década, Matteo Salvini transformó la política italiana con una fuerza que parecía invencible, llevando a la Liga del 4% al 34,5% en apenas seis años. Hoy, en el otoño de 2021, ese mismo edificio cruje desde adentro: la pandemia, la cuestión de las vacunas y el liderazgo sereno de Mario Draghi han expuesto las fracturas de un populismo que prosperó en la confrontación pero que no sabe gobernar en la complejidad. Las elecciones municipales de octubre se perfilan como el momento en que Italia decidirá si la derecha se reinventa o se fragmenta.

Matteo Salvini llegó a la política italiana como una fuerza casi irrefrenable. Tomó un partido en ruinas —apenas un 4% en las encuestas— y lo convirtió en una máquina electoral que en 2019 alcanzó el 34,5% en las europeas. Transformó la vieja Liga Norte en un movimiento de ultraderecha con discurso populista sobre inmigración y desconfianza hacia Europa, y se posicionó como referente de la extrema derecha continental. Pero solo dos años después, el panorama es irreconocible.

Hoy Salvini ha perdido quince puntos de apoyo y enfrenta algo que parecía impensable: una rebelión interna. El detonante fue su resistencia a la vacunación obligatoria. Mientras se alineaba con los movimientos antivacunas, los empresarios del norte italiano exigieron que alguien lo frenara, temerosos de una nueva ola que paralizara la producción. Los gobernadores Fedriga y Zaia cedieron a esa presión y aceptaron el certificado de vacunación para trabajar. El ministro Giorgetti se manifestó públicamente a favor, contradiciendo a su propio jefe. La fractura quedó expuesta ante toda Italia.

La Liga siempre funcionó con una estructura casi leninista en la que nadie cuestionaba al líder. Ahora hay voces internas que hablan de convocar un congreso para explorar un rumbo más moderado y europeo. El candidato natural para ese cambio sería Luca Zaia, gobernador de Veneto y uno de los barones que ya le plantó cara. El establishment empresarial del norte ve esa posibilidad con entusiasmo.

Mientras tanto, otros partidos han olido la debilidad. Enrico Letta lo llamó 'alguien irrelevante'. Mario Draghi, con su liderazgo que centraliza todas las decisiones, ha desactivado la estrategia de confrontación permanente que era el oxígeno político de Salvini. Nadie se queda a solas con él, y sus ministros ganan poder propio.

Las elecciones municipales del 3 de octubre serán el punto de quiebre. Se espera que la coalición de derechas pierda en Roma, Milán, Turín, Nápoles y Bolonia. Pero uno de sus socios puede beneficiarse del desastre: Forza Italia es la única fuerza de la coalición que crece en las encuestas. Los votantes perciben a la Liga como un obstáculo para la recuperación, y están trasladando su apoyo hacia la formación de Berlusconi, más cooperadora con Draghi. Si Berlusconi decide señalar a un sucesor, Forza Italia podría cambiar la dinámica de toda la derecha italiana.

Matteo Salvini llegó a Milán hace casi una década como una fuerza política casi irrefrenable. En 2013 tomó un partido destrozado, endeudado y prácticamente invisible en las encuestas —apenas un 4 por ciento— y lo transformó en una máquina electoral dominante. Entendió mejor que nadie el momento político italiano. Convirtió la vieja Liga Norte, un movimiento regionalista que pedía la independencia de partes del norte, en algo completamente distinto: un partido de ultraderecha con lenguaje populista que hablaba de inmigración y desconfianza hacia Europa. En 2019, en las elecciones europeas, alcanzó el 34,5 por ciento de los votos. Fue vicepresidente del Gobierno, ministro del Interior —convertido en una especie de espectáculo mediático de su propia vida— y se posicionó como líder de la extrema derecha europea. Su popularidad creció con un discurso que rechazaba la Unión Europea y la inmigración, algo sorprendente en uno de los países fundadores de la UE. Pero solo dos años después, el panorama es irreconocible.

Hoy Salvini ha perdido quince puntos de apoyo electoral y enfrenta algo que parecía imposible hace poco: una rebelión dentro de su propio partido. Sus propios barones —los gobernadores regionales Federico Fedriga de Friuli-Venezia Giulia y Luca Zaia de Veneto— lo han frenado públicamente. El detonante fue su resistencia a la vacunación obligatoria. Mientras Salvini se alineaba con los movimientos antivacunas, los empresarios del norte italiano, hartos de sus posiciones, exigieron que alguien lo detuviera. Temían que una nueva ola de contagios en otoño paralizara la producción nuevamente. Los gobernadores cedieron a esa presión y aceptaron el certificado de vacunación para trabajar. Giancarlo Giorgetti, ministro liguista de Desarrollo Económico, se manifestó públicamente a favor, contradictiendo directamente a su jefe. La fractura quedó expuesta ante toda Italia.

La Liga siempre funcionó como un partido con estructura casi leninista. Bajo el liderazgo de Umberto Bossi, su anterior líder, nadie se atrevía a cuestionarlo. Hace apenas unos meses, la idea de una rebelión interna contra Salvini habría parecido impensable. Pero ahora hay voces dentro del partido que hablan de convocar un congreso para explorar un rumbo diferente: más moderado, más centrado, más europeo, que no ponga en riesgo la estabilidad del país. El establishment empresarial del norte, que siempre confió en la Liga, ve esto con entusiasmo. "El extremismo y las dudas no conducen a nada bueno. Menos ahora, cuando lo importante es el crecimiento y aprovechar los recursos que vienen de Europa", dicen fuentes de la patronal italiana. El candidato ideal para ese cambio sería precisamente uno de esos barones: Luca Zaia.

Mientras tanto, otros partidos han olido la debilidad. Después de años intimidados por la retórica agresiva de Salvini y sus seguidores en redes sociales, ahora comienzan a atacar. Enrico Letta, líder del Partido Democrático, lo llamó "alguien irrelevante" que "no cuenta nada". Hace poco, Salvini logró una reunión con el responsable de Asuntos Exteriores del Vaticano, pero su versión optimista de lo ocurrido no coincidía con la que daba la Santa Sede. Su figura se ha desdibujado. Parte de la culpa la tiene Mario Draghi, el primer ministro, que ha desactivado la estrategia de confrontación permanente de Salvini ejerciendo un liderazgo que pasa por él en todas las decisiones. No hay reuniones bilaterales entre los socios de la coalición de Gobierno. Nadie se queda a solas con Salvini, y sus ministros ganan poder independiente.

Las elecciones municipales del 3 de octubre serán un punto de quiebre. Todos esperan que la coalición de derechas —Forza Italia, Hermanos de Italia y Liga— pierda en las cinco principales ciudades: Roma, Milán, Turín, Nápoles y Bolonia. El sistema de segunda vuelta perjudicará a sus candidatos, débiles y sin apoyo sólido. El candidato de Milán ya amenaza con retirarse. El de Roma es un locutor desconocido con nostalgia del Imperio Romano que se convierte en ridículo cada vez que habla. Pero uno de esos tres partidos puede beneficiarse de la derrota y agrandar la herida por donde sangra la Liga.

La pandemia ha tenido un efecto directo sobre el populismo en Italia. Más allá de los movimientos antivacunas y las campañas infundadas, el electorado está penalizando estas actitudes en todos los sondeos. Los italianos comienzan a reclamar una derecha moderada y centrada, capaz de enfrentar los desafíos de la recuperación económica. El último sondeo del Corriere della Sera mostraba a Forza Italia como la única fuerza de la coalición de derechas que crece. "Los ciudadanos ven las expectativas altas hacia el Gobierno y Draghi", explica Nando Pagnoncelli, el encuestador. "Piensan que menos cohesión ralentiza al Gobierno y desplaza el debate hacia temas de poder, no de interés nacional. La Liga, que busca pelea y cuestiona las vacunas, es percibida como una fuerza que no apoya de verdad al Gobierno. Así que hay un traslado de votos hacia Forza Italia, que es mucho más cooperadora".

Forza Italia, después de dos años de descomposición profunda, puede ser el partido que cambie la dinámica de toda la coalición. Los extremos dejarán de forzar el discurso. La formación de Berlusconi, la única que ha subido en las encuestas recientemente, puede convertirse en refugio para las posiciones moderadas de derecha. Todo depende de si Silvio Berlusconi, después de una década sin pisar el Palacio Chigi, decide señalar a un sucesor.

Es alguien irrelevante. No cuenta nada. Está desesperado
— Enrico Letta, líder del Partido Democrático, sobre Salvini
Los ciudadanos piensan que menor cohesión ralentiza al Gobierno y desplaza la cuestión a temas de poder. La Liga, que busca pelea y cuestiona las vacunas, es percibida como una fuerza que no apoya de manera convencida el Gobierno
— Nando Pagnoncelli, encuestador del Corriere della Sera
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