Matías Luengas, el joven cucuteño que logró puntaje perfecto en pruebas Saber 11

Un cálculo siempre va a dar lo mismo
Matías explica por qué las matemáticas lo atraen: la certeza de que una respuesta permanece igual cada vez.
Mark

¿Qué hace que un resultado así sea realmente excepcional? ¿Cuántos estudiantes logran 500 de 500 cada año?

Mimi

El Icfes no publica esos números con precisión, pero es extraordinariamente raro. Estamos hablando de un desempeño perfecto en todas las áreas, a los 16 años, en una prueba que presentan cientos de miles de estudiantes anualmente.

Luke

Eso es importante aclarar: no sabemos exactamente cuántos logran esto. El artículo no da esa cifra. Podría ser uno cada año, podría ser cinco. La rareza es real, pero no está cuantificada.

Mark

¿Y cómo se llega a eso? ¿Es talento puro o es el sistema que describe el artículo?

Mimi

El artículo sugiere que es una combinación. Hay señales tempranas de aptitud excepcional—leía a los tres años—pero también hay disciplina deliberada, organización del tiempo, y una familia que acompañó el proceso sin presión destructiva.

Luke

Lo que el artículo no dice es si Matías tuvo acceso a tutorías privadas, a recursos especiales, a preparación intensiva para el Saber 11. Eso importa para entender si es replicable o si es una historia de privilegio más talento.

Mark

¿Y la parte sobre enseñar a otros estudiantes sin cobrar? ¿Eso es parte del éxito o es algo separado?

Mimi

Parece ser parte de cómo procesa el conocimiento. Explicar algo a otros te obliga a entenderlo profundamente. Para Matías, eso no era sacrificio; era algo que le gustaba hacer.

Luke

Pero el artículo no dice si esa práctica de enseñanza fue deliberada como estrategia de aprendizaje o simplemente algo que pasaba. Es una diferencia importante.

Mark

¿Qué viene ahora para él?

Mimi

Probablemente salir de Cúcuta para estudiar Ingeniería Matemática en una universidad que ofrezca eso. Sus padres ya saben que la casa quedará más vacía.

Luke

El artículo dice "probablemente", lo que significa que aún no está decidido dónde estudiará. Eso es un detalle que vale la pena notar: el 500 abre puertas, pero el siguiente paso todavía está en construcción.

  • Matías Luengas Vergel obtuvo 500 de 500 en las pruebas Saber 11 a los 16 años
  • Ganó las Olimpiadas de Ciencias de la UDES en 2025 y el primer lugar nacional en Olimpiadas Matemáticas de la UIS en 2026
  • Estudió en el Colegio Santo Ángel de la Guarda en Cúcuta
  • Aspira a estudiar Ingeniería Matemática con énfasis en programación e inteligencia artificial

Un estudiante de Cúcuta alcanzó el puntaje máximo posible en las pruebas Saber 11 a los 16 años, cerrando su etapa escolar con el resultado académico más alto. Desde pequeño mostró aptitudes excepcionales: leía a los tres años y corregía a sus maestros. Su éxito combina disciplina, pasión por las matemáticas y capacidad para organizar su tiempo sin sacrificar otras actividades.

Matías Luengas, de 16 años, obtuvo 500 de 500 en las pruebas Saber 11 del Icfes, convirtiéndose en un caso excepcional de excelencia académica. El joven aspira a estudiar Ingeniería Matemática y combinar su pasión por los números con programación e innovación.

Matías Luengas Vergel tenía 16 años cuando vio aparecer en la pantalla el número que había intentado consultar varias veces sin éxito: 500 de 500. El puntaje perfecto en las pruebas Saber 11 del Icfes estaba ahí, frente a él, cerrando su etapa escolar con el resultado académico más alto posible. Ni él ni sus padres esperaban llegar tan lejos, aunque siempre supieron que algo excepcional ocurriría. Para su madre, Liliana Vergel, esa cifra representa mucho más que una calificación: es la recompensa de años de disciplina y constancia que comenzaron desde el jardín de infancia.

Las señales de lo que vendría aparecieron incluso antes de que Matías entrara a la escuela. A los tres años, durante las novenas de Navidad, ya leía en voz alta frente a los vecinos con una fluidez que sorprendía a quienes lo escuchaban. Su padre, Weimar Luengas, recuerda una anécdota del jardín que reveló algo más profundo: cuando una maestra intentó asustar a los niños señalando el tablero como amenaza de castigo, Matías levantó la mano y la corrigió directamente. "Profesora, usted está diciendo mentiras, ahí no dice eso", le dijo. Para su padre, ese momento mostraba una característica que lo acompaña hasta hoy: la necesidad de entender las cosas por sí mismo, de verificar la realidad con sus propios ojos.

Con el tiempo, esa curiosidad encontró su hogar natural en las matemáticas. Matías explica que le atraen porque ofrecen orden y certeza absoluta. Un cálculo siempre produce el mismo resultado; esa consistencia, esa posibilidad de comprobar una respuesta una y otra vez, es para él parte de la belleza de los números. Pero su historia no es la de un estudiante que pasó años encerrado entre libros. Su rutina incluía descanso, tiempo con la familia y entrenamientos de baloncesto. Llegaba del colegio, almorzaba, descansaba y luego hacía sus tareas. No necesitaba pasar tardes enteras estudiando. Lo que sí mantenía sin negociación era una regla simple: primero las tareas, después el entrenamiento. Incluso durante los períodos de exámenes seguía yendo a practicar. Para su familia, esa capacidad de organizar el tiempo resultó ser una de las claves de su proceso.

A esa disciplina se sumaba otra cualidad que sus compañeros conocían bien: su disposición constante para ayudar. Cuando alguien tenía dificultades con un tema, buscaba a Matías para que le explicara. Él nunca cobró por hacerlo. "Siempre me ha gustado ayudar, siempre me ha gustado explicar", dice. Esa inclinación por enseñar forma parte de lo que imagina para su futuro. Quiere estudiar Ingeniería Matemática y unir los números con otras pasiones: programación, inteligencia artificial, tecnología e innovación. La docencia aparece entre sus principales aspiraciones. Su trayectoria académica ya tenía otros capítulos antes del 500 perfecto. En 2025 ganó las Olimpiadas de Ciencias de la UDES y este año obtuvo el primer lugar nacional en nivel avanzado de las Olimpiadas Matemáticas de la UIS.

En el Colegio Santo Ángel de la Guarda, donde estudió, la noticia se convirtió en celebración. Sus compañeros lo recibieron con aplausos, le hicieron una pancarta con su rostro, le llevaron una torta y lo llenaron de espuma. Los mismos jóvenes que durante años acudieron a él para resolver dudas ahora celebraban el resultado que había conseguido. En su casa, la celebración tiene también un componente de nostalgia. Matías probablemente tendrá que salir de Cúcuta para estudiar la carrera que quiere. Sus padres saben que la casa quedará más vacía, pero también tienen claro que se trata del siguiente paso de un hijo al que han acompañado desde sus primeros días de colegio. Su madre lo resume con una frase que va más allá de las calificaciones: "Yo le digo a él que va por cosas muy grandes". El 500 de 500 puso el cierre perfecto a su vida escolar en Cúcuta. Ahora los números dejan de ser solamente una materia que domina y empiezan a convertirse en el camino que quiere recorrer.

Siempre me ha gustado ayudar, siempre me ha gustado explicar
— Matías Luengas
Yo le digo a él que va por cosas muy grandes
— Liliana Vergel, madre de Matías
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