Veinticinco de los matemáticos más distinguidos del mundo —entre ellos Terence Tao y Maryna Viazovska— han alzado la voz para señalar una fractura silenciosa entre lo que la inteligencia artificial persigue y lo que la ciencia necesita. Su advertencia no es un rechazo a la tecnología, sino una defensa del proceso: la comprensión, la atribución, la pregunta que nace después de la respuesta. En un momento en que las máquinas aprenden a resolver sin entender, estos pensadores nos recuerdan que el verdadero valor del conocimiento no reside en el resultado, sino en el camino que lo hace posible.