En México, el conocimiento tiene precio distinto según la disciplina elegida: quienes dominan los números y la biología humana encabezan la tabla salarial, mientras quienes forman a otros en las aulas reciben la menor recompensa económica. El IMCO documenta en 2026 no solo esta brecha de casi 14 mil pesos entre extremos, sino un fenómeno más inquietante: más de la mitad de los profesionistas mexicanos trabaja en algo ajeno a lo que estudió, una desconexión que supera ampliamente el promedio de las economías desarrolladas y que amenaza con privar al país del talento que su futuro tecnológico ex