Once terremotos de magnitud 7+ registrados hasta agosto de 2026 están dentro de la variabilidad histórica; no hay evidencia de incremento de sismicidad global. Los seísmos recientes en zonas pobladas (Venezuela, Colombia, Indonesia) generan mayor impacto social amplificado por comunicaciones globales y redes sociales.
¿Más terremotos o solo más visibilidad?: Los científicos descartan un aumento sísmico
Los terremotos no matan a las personas, son los edificios
¿Por qué entonces tenemos la sensación de que hay más terremotos ahora que antes?
Porque los terremotos recientes han ocurrido en lugares muy poblados y han sido devastadores. Venezuela, Colombia, Indonesia. Eso genera mucho impacto social. Pero también porque ahora nos enteramos de todo en minutos. Un terremoto en Flores se sabe en Granada en cuestión de segundos.
¿Entonces los datos dicen que no hay más terremotos?
Los datos dicen que 2026 está dentro de la variabilidad normal. Algunos años hay 16, otros 10, otros 19. Este año vamos por 11 hasta agosto. Es estadísticamente normal.
Pero ¿no podría haber algo que los provoque todos juntos? ¿Una reacción en cadena?
Los científicos lo descartan. Los terremotos de este año ocurrieron en ambientes tectónicos completamente diferentes, a miles de kilómetros unos de otros. No hay conexión entre ellos.
¿Y entonces qué es lo que realmente no sabemos?
Cuándo van a ocurrir. Sabemos dónde, sabemos cuánto daño pueden hacer, pero no sabemos si será en cinco años o en quince. Eso es lo que nos falta.
¿Eso significa que no podemos prepararnos?
Podemos prepararnos de otras formas. Construyendo edificios que resistan, sabiendo cómo protegernos. Los terremotos no matan. Matan los edificios que caen.
Il Polso
- Once terremotos de magnitud 7+ registrados hasta agosto de 2026, dentro de la variabilidad histórica
- Más de 6.000 muertos en Venezuela (24 de junio), 300 en Colombia (10 de agosto), casi 100 en Indonesia (agosto)
- Los seísmos de 2026 ocurrieron en ambientes tectónicos diferentes y alejados entre sí, sin conexión aparente
Once terremotos de magnitud 7+ registrados hasta agosto de 2026 están dentro de la variabilidad histórica; no hay evidencia de incremento de sismicidad global. Los seísmos recientes en zonas pobladas (Venezuela, Colombia, Indonesia) generan mayor impacto social amplificado por comunicaciones globales y redes sociales.
Expertos descartan un aumento real de terremotos en 2026 pese a una decena de seísmos de magnitud 7+. Los datos estadísticos muestran variabilidad normal, pero revelan limitaciones científicas en la predicción sísmica.
Desde junio, la Tierra ha temblado con una frecuencia que ha puesto nerviosa a la gente. Venezuela sufrió dos seísmos consecutivos de 7,2 y 7,5 magnitudes el 24 de junio que dejaron más de 6.000 muertos. Filipinas fue golpeada el 7 de junio por un terremoto de 7,8 en Mindanao con al menos 106 fallecidos. México registró un seísmo de 7,3 frente a Chiapas el 17 de julio. Colombia fue sacudida el 10 de agosto por un terremoto de 7,4 en el oeste que mató a cerca de 300 personas. Una semana después, mientras Granada temblaba con dos seísmos de 4,8 que dejaron tres heridos, la Isla de Flores en Indonesia registraba un potente seísmo de 7,7 que provocó casi un centenar de muertos. La sucesión es inquietante. Pero los científicos tienen una respuesta clara: es pura coincidencia.
Mercedes Feriche, investigadora del Instituto Andaluz de Geofísica, es directa al respecto: no hay fundamento científico que relacione todos estos terremotos entre sí. Juan Vicente Cantavella, director de la Red Sismológica Nacional, coincide en que habría que analizar los catálogos sísmicos con cuidado. Cantavella recuerda que España ha vivido en el pasado terremotos mucho mayores: el de Torrevieja en 1829 alcanzó magnitud 6,6 y causó cerca de 400 víctimas; el de Arenas del Rey en 1884 fue de 6,5 con casi un millar de fallecidos. Granada ha registrado dos episodios por encima de magnitud 4 en apenas cinco años, pero eso no es extraordinario en términos históricos.
Pablo Gabriel Silva, catedrático de Geomorfología y Riesgos Geológicos de la Universidad de Salamanca y uno de los mayores expertos en terremotos a nivel internacional, explica que el nivel de sismicidad se mantiene más o menos constante, pero hay periodos en los que los terremotos se producen más juntos y otros más tranquilos. La razón está en la propia dinámica del planeta: la litosfera está fragmentada en placas tectónicas que se mueven continuamente, acumulando tensiones que se liberan en forma de terremotos. Silva usa una comparación sencilla: la litosfera es como un puzle, y cuando se mueve una pieza, afecta al resto. La Tierra tiene que acoplarse de uno u otro lado cuando las placas tectónicas se desplazan. Una perturbación en un punto puede notarse en el resto de un sistema muy complejo del que aún queda por aprender muchísimo. Silva señala que estos son sistemas dinámicos no lineales que dependen de múltiples factores que interactúan entre sí, generando respuestas complejas y a veces poco previsibles. En algunos aspectos, el comportamiento detallado del puzle tectónico terrestre sigue siendo terra incognita para la sismología.
Raúl Pérez, geólogo del Instituto Geológico y Minero de España e integrante del grupo de asesoramiento de emergencias del CSIC, matiza que esto no significa que el terremoto de Indonesia haya provocado el de Granada. Lo que estos seísmos ponen de relevancia es lo poco que sabemos de ellos. Aunque conocemos bien dónde se producen, las zonas que pueden afectar y los daños que podrían ocasionar, aún estamos lejos de saber cuándo van a ocurrir. Los sismólogos cuentan con muy pocos indicadores comparados con los meteorólogos, que tienen satélites, sensores de humedad y temperatura, y modelos climáticos para hacer predicciones con exactitud. Los sismólogos tienen la serie histórica de seísmos y observaciones sobre el terreno, pero algo se escapa en las predicciones. Con estas variables solo se pueden obtener periodos de recurrencia de varios siglos, con un margen de error de entre 20 y 30 años en el mejor de los casos. Un tiempo mínimo para la geología, pero un periodo amplísimo para la especie humana.
El ejemplo de la falla de San Andrés en California es paradigmático. Los modelos de predicción apuntan a que en la zona se produce un gran temblor más o menos cada siglo. El último, el gran terremoto de San Francisco de 1906, tuvo magnitud 7,9 y provocó 3.000 muertes. Se llevan preparando desde 2005 para otro parecido, pero de momento nada. Lo que es seguro es que va a ocurrir, aunque no se sabe si será en cinco o en quince años. Ahora es imposible predecir ese cuándo con cierto grado de fiabilidad.
Según los datos del Centro Nacional de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de Estados Unidos, hasta el 17 de agosto de 2026 se habían contabilizado 11 terremotos de magnitud igual o superior a 7. Fueron 16 en todo 2025, 10 en 2024, 19 en 2023, 11 en 2022, 19 en 2021 y 9 en 2020. Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile, una de las zonas sísmicas más activas del planeta, es claro: el dato de 2026 se encuentra dentro de la variabilidad observada en los últimos años. No hay evidencia de una tendencia creciente en el número de eventos sísmicos. Barrientos también señala que la decena de terremotos de este año se han producido en ambientes tectónicos diferentes y suficientemente alejados entre sí como para que pueda establecerse una relación entre ellos. Existen diferentes tipos de fallas que funcionan de forma diferente: las fallas normales como las de Granada ocurren por tensión; las fallas inversas como la próxima a la Isla de Flores se producen por compresión; las fallas de rumbo o desgarre como las que provocaron los terremotos de Venezuela implican un desplazamiento horizontal. Los grandes terremotos siguen una distribución estadística que hace que las agrupaciones de varios eventos no sean necesariamente extraordinarias. En el planeta ocurre, como promedio, un terremoto de magnitud 8 o superior al año. Por cada sismo de magnitud 8 o superior, ocurren un poco más de una docena de sismos de magnitud 7 o superior. Los terremotos que se producen en la Tierra son diarios, aunque la mayoría ni siquiera se notan.
Jesús Galindo-Zaldívar, director del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Granada, apunta a una combinación de factores para que la percepción de la sociedad sea la de que han crecido en los últimos meses. Los terremotos catastróficos recientes como el de Venezuela y el de Colombia, que han afectado a zonas muy pobladas, han tenido más repercusión social, aunque no por ello son más frecuentes. Se suma el hecho de que las comunicaciones se han globalizado, de forma paralela a que los núcleos de población son cada vez más grandes. En la Antártida, en el Mar de Scotia, donde Galindo-Zaldívar ha trabajado desde los años 90, hay terremotos de magnitudes muy superiores a 7 que no tienen impacto social y por lo tanto solo se discuten en el ámbito científico. Ahora los satélites, los sismógrafos, los teléfonos móviles, las redes sociales y los medios de comunicación hacen que un terremoto ocurrido a miles de kilómetros pueda conocerse en cuestión de minutos en todo el mundo.
Mientras la ciencia sigue intentando comprender con mayor precisión cómo se comportan las fallas, hay algo que sí está al alcance: prepararse para el próximo terremoto sin esperar a saber exactamente cuándo llegará. Galindo-Zaldívar y Feriche, ambos trabajando sobre el suelo que aún tiembla en Granada, recuerdan que solo se pueden prevenir los efectos construyendo bien y sabiendo cómo autoprotegerse. Silva es contundente: los terremotos no matan a las personas, son los edificios. No hay, por ahora, una Tierra sísmicamente más activa. Hay una Tierra que hay que seguir aprendiendo a escuchar.
Citazioni salienti
Todos los terremotos que han ocurrido en el mundo en los últimos meses son pura coincidencia— Mercedes Feriche, investigadora del Instituto Andaluz de Geofísica
El dato de 2026 se encuentra dentro de la variabilidad observada en los últimos años. No hay evidencia de una tendencia creciente— Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile