España vuelve a quedar rezagada en las evaluaciones internacionales PISA, esta vez con resultados que los expertos no pueden ignorar ni minimizar. Lo que el informe revela no es un accidente, sino el sedimento de años de decisiones postergadas: presupuestos recortados, aulas saturadas y un modelo educativo que no ha sabido renovarse. El diagnóstico colectivo de quienes enseñan y estudian el sistema es claro: hay remedio, pero exige inversión real, voluntad política sostenida y la valentía de transformar estructuras que llevan demasiado tiempo intactas.