En los márgenes de una pandemia que paralizó los quirófanos de Escocia, el cuerpo humano reveló una verdad que la medicina moderna apenas comenzaba a articular: que la hernia discal grave, aquella que comprime nervios y roba la movilidad, puede disolverse por sí sola. Más de un tercio de los pacientes en espera de cirugía en Dundee se recuperaron sin intervención, mientras el sistema inmunitario hacía silenciosamente su trabajo. Este hallazgo no niega el valor del bisturí, pero sí invita a reconsiderar cuándo y por qué lo convocamos.