Más de 300 centros españoles eliminan sujeciones gracias al proyecto DESATAR de CEOMA

Las sujeciones afectan negativamente a residentes con demencia, causando caídas, pérdida muscular y deterioro de calidad de vida.
Las sujeciones provocan hasta treinta efectos secundarios negativos
El doctor Burgueño explica por qué eliminarlas es crucial para la salud de residentes con demencia.
Mark

¿Por qué las sujeciones se usaban tanto si causan tantos problemas?

Mimi

Eran una forma de control rápida. Si alguien con demencia se desorientaba o se agitaba, la sujeción parecía la solución más simple. Pero eso es precisamente lo que DESATAR cuestiona.

Luke

¿Y cuántos centros realmente han eliminado todas las sujeciones, no solo reducido su uso? El artículo dice 300, pero también dice que quedan 4.000 por cumplir. Eso significa que la mayoría aún las usa.

Mark

¿Qué significa exactamente un "centro amigable"?

Mimi

Es un centro que cumple 65 estándares de calidad. Espacios adaptados, personal formado, protocolos que respetan la dignidad de la persona con demencia. Solo 15 centros lo han logrado hasta ahora.

Luke

Eso es muy poco. Si hay 300 centros sin sujeciones pero solo 15 acreditados como amigables, la mayoría está en un punto intermedio. ¿Qué significa eso en la práctica?

Mark

El doctor habla de un sistema de alertas en farmacias y atención primaria. ¿Eso existe ya?

Mimi

No. Es una propuesta. La idea es que si alguien deja de ir a su médico o farmacia, eso sea una señal de que algo está pasando.

Luke

Pero eso requiere coordinación entre sistemas que no siempre hablan entre sí. Es una buena idea, pero está lejos de implementarse.

Mark

¿Cuál es el verdadero cambio que DESATAR ha traído?

Mimi

Que se cuestione la sujeción como práctica normal. Que se reconozca que causa daño. Que haya alternativas.

Luke

El cambio es real, pero incompleto. Trescientos centros es un logro, pero en un país con miles de residencias, es todavía una minoría.

  • Las sujeciones —correas, cinturones, sedantes— generan hasta treinta efectos secundarios documentados, convirtiendo una medida supuestamente protectora en una fuente directa de deterioro físico y pérdida de dignidad.
  • Más de cuatro mil residencias en España aún no han eliminado estas prácticas, lo que revela la magnitud de un problema sistémico que afecta a miles de personas con demencia cada día.
  • El proyecto DESATAR ha logrado que más de trescientos centros abandonen las sujeciones, y su versión evolucionada —Desatar 2.0— acredita a los centros que cumplen sesenta y cinco estándares de calidad específicos para personas con deterioro cognitivo.
  • Quince centros de Savia y Emera ya ostentan la acreditación 'amigable', un reconocimiento que exige transformar no solo protocolos, sino la mentalidad del personal y el diseño físico de los espacios.
  • El doctor Burgueño propone extender la red de detección temprana hacia atención primaria y farmacias, usando la ausencia de una persona mayor como señal de alerta que active una visita domiciliaria profesional.
  • El proyecto también interpela a las familias: cuidar a alguien con demencia sin pedir ayuda no es fortaleza, y reconocerlo es el primer paso hacia un cuidado verdaderamente digno.

Durante décadas, las sujeciones físicas y farmacológicas fueron consideradas una forma de proteger a las personas mayores con demencia; hoy, más de trescientos centros en España han demostrado que esa protección era, en realidad, una forma de daño. El proyecto DESATAR, impulsado por CEOMA, encarna un giro ético y práctico en el cuidado de quienes más vulnerables son: no inmovilizar, sino acompañar. En un país donde aún quedan más de cuatro mil residencias por transformar, este avance no es solo sanitario, es una declaración sobre qué clase de vejez queremos construir colectivamente.

Más de trescientos centros residenciales en España han dejado atrás las sujeciones físicas y farmacológicas gracias al proyecto DESATAR, impulsado por la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA). Lo que durante años se justificó como medida de seguridad genera, en realidad, hasta treinta efectos secundarios negativos: pérdida muscular, pérdida del equilibrio y mayor riesgo de caídas, entre otros. El doctor Antonio Burgueño, director del proyecto, reconoce que aún quedan más de cuatro mil residencias por transformar, pero señala que la tendencia es irreversible: todos los centros trabajan ya por reducir su uso.

El proyecto ha evolucionado hacia Desatar 2.0, un sistema de acreditación que reconoce a los centros como 'amigables' cuando cumplen sesenta y cinco estándares de calidad diseñados para que las personas con demencia vivan bien. Quince centros de Savia y Emera ya han recibido esta distinción. El proceso no es burocrático: implica una transformación real en la formación del personal, en la cultura institucional y en la arquitectura de los espacios.

Burgueño subraya que entre el cincuenta y el sesenta por ciento de los casos de demencia están vinculados al Alzheimer, y que aunque hoy no es posible prevenir la enfermedad, sí se puede actuar sobre su desarrollo. Para ello propone un sistema de alertas que aproveche los puntos de contacto más frecuentes de las personas mayores —atención primaria y farmacias— de modo que una ausencia inusual active una visita domiciliaria profesional.

Finalmente, el proyecto interpela también a las familias: cuidar a alguien con demencia es agotador, y pedir ayuda no es fracaso. DESATAR trabaja para que los centros sean espacios donde la dignidad sea posible, sin necesidad de inmovilizar a quienes ya han perdido tanto.

Más de trescientos centros residenciales en España han dejado de usar sujeciones físicas y farmacológicas. El logro pertenece al proyecto DESATAR, impulsado por la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), una iniciativa que ha transformado la forma en que se atiende a personas con demencia en establecimientos de toda la geografía nacional.

Las sujeciones —correas, cinturones, medicamentos administrados para inmovilizar— generan hasta treinta efectos secundarios negativos documentados. Quien está sujeto pierde masa muscular, pierde el sentido del equilibrio, y con ello aumenta dramáticamente el riesgo de caídas. El doctor Antonio Burgueño, director del proyecto, explica que aunque en España todavía quedan más de cuatro mil residencias por cumplir con la supresión completa de estas prácticas, la tendencia es clara: todas trabajan ya por reducir su uso de forma significativa.

El proyecto ha evolucionado hacia lo que se conoce como Desatar 2.0, un sistema que reconoce a los centros como "amigables" cuando cumplen sesenta y cinco estándares de calidad específicamente diseñados para que las personas con demencia logren vivir bien dentro de la residencia. Hasta ahora, quince centros pertenecientes a las corporaciones Savia y Emera han recibido esta acreditación. El cambio no es solo administrativo: exige una transformación profunda en la mentalidad del personal, en la capacitación de los profesionales y en el diseño físico de los espacios, adaptándolos a las necesidades reales de quienes padecen deterioro cognitivo.

La demencia es un desafío de salud pública de primer orden. Entre el cincuenta y el sesenta por ciento de todos los casos de demencia están vinculados al Alzheimer, enfermedad que afecta la memoria y otros procesos cognitivos. Burgueño subraya un punto crucial: aunque hoy no sabemos prevenir el Alzheimer, cada vez conocemos más sobre cómo prevenir el desarrollo de la demencia misma, especialmente cuando aparece en edades avanzadas.

La detección temprana es fundamental. El doctor propone crear un sistema de alertas que comience en fases iniciales de la enfermedad, aprovechando dos puntos de contacto que ya existen en el sistema de salud: la atención primaria y las farmacias. Las personas mayores acuden a estos lugares con regularidad. Si una persona deja de presentarse, esa ausencia podría ser señal de alerta. Burgueño sugiere que las administraciones deberían ser notificadas para que un profesional visitara el domicilio y evaluara la situación.

Cuidar a alguien con demencia es una tarea que agota física y emocionalmente. Por eso Burgueño insiste en algo que parece simple pero es profundamente necesario: las familias y cuidadores deben aprender a pedir ayuda sin culpa. No es fracaso no poder atender solo a una persona con demencia. Es realidad. El proyecto DESATAR reconoce esto y trabaja para que los centros que acogen a estas personas sean espacios donde la dignidad y la calidad de vida sean posibles, sin necesidad de sujeciones que solo generan daño.

En España quedan más de 4.000 por cumplir con la supresión de las sujeciones, pero es cierto que todas las residencias trabajan por hacer un uso limitado de ellas
— Doctor Antonio Burgueño, director del proyecto DESATAR
Es necesario crear un sistema de alertas que parta desde etapas tempranas del desarrollo de la enfermedad, aprovechando los puntos asistenciales de la atención primaria y las farmacias
— Doctor Antonio Burgueño
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