A los 83 años, la corresponsal Maruja Torres entrega al mundo un atlas de su propia existencia: un libro que traza el arco de un siglo convulso desde las barricadas de París en 1968 hasta los estudios de Hollywood en los noventa, pasando por el Beirut en llamas de 1987. El título —irreverente y exacto— anticipa su contenido: una vida construida sobre la negativa a mirar hacia otro lado. Torres no publica una memoria, sino una declaración de principios sobre lo que significa ejercer el periodismo sin pedir permiso ni ofrecer falsas equivalencias.
Maruja Torres: "No tengo el coño para equidistancias en este momento"
Plácida vejez de ira: la vida de quien vio demasiado
¿Qué significa exactamente que rechace la equidistancia? ¿No es eso lo que se supone que deben hacer los periodistas?
Para Torres, la equidistancia es una mentira que se vende como objetividad. Cuando estás en Beirut cubierto de polvo de una bomba, no puedes pretender que ambos bandos tienen razón de la misma manera.
Pero el libro es un atlas de sus viajes, no un manifiesto político. ¿Cuánto de esto es reflexión sobre su carrera y cuánto es posicionamiento actual?
Es ambos. El libro recorre París 68, Beirut 87, Hollywood en los noventa. Cada lugar es una lección sobre cómo se construye la realidad.
¿Y por qué a los 83 años decide publicar esto ahora?
Porque tiene una "plácida vejez de ira". Ha vivido lo suficiente para saber qué importa y qué no. Ya no necesita pedir permiso.
Aunque el material que tenemos es bastante breve. No sabemos exactamente qué contiene el libro, qué historias específicas cuenta, cuáles son sus argumentos principales.
Es verdad. Lo que sabemos es que Torres rechaza la falsa neutralidad y que su vida como corresponsal internacional le ha dado autoridad para hacerlo.
¿Eso la hace más creíble o más sesgada?
Probablemente ambas cosas. Su sesgo es honesto, declarado. No pretende ser algo que no es.
Y eso es lo que la distingue. No es que no tenga perspectiva. Es que admite tenerla.
El Pulso
- A los 83 años, Torres irrumpe en el debate cultural con un libro cuyo título es en sí mismo una provocación y una filosofía de vida.
- Su rechazo explícito a la equidistancia tensiona un ecosistema mediático que frecuentemente confunde la neutralidad con la objetividad.
- El volumen condensa décadas de corresponsalía en zonas de conflicto y poder, desde revoluciones estudiantiles hasta guerras civiles y fábricas de sueños hollywoodenses.
- Torres describe su vejez como 'plácida de ira', una paradoja que revela a alguien que ha encontrado paz en su trayectoria pero no resignación ante el presente.
- El libro se posiciona como un acto de resistencia contra el olvido histórico y la reescritura interesada de los relatos colectivos.
A los 83 años, la corresponsal Maruja Torres entrega al mundo un atlas de su propia existencia: un libro que traza el arco de un siglo convulso desde las barricadas de París en 1968 hasta los estudios de Hollywood en los noventa, pasando por el Beirut en llamas de 1987. El título —irreverente y exacto— anticipa su contenido: una vida construida sobre la negativa a mirar hacia otro lado. Torres no publica una memoria, sino una declaración de principios sobre lo que significa ejercer el periodismo sin pedir permiso ni ofrecer falsas equivalencias.
Maruja Torres tiene 83 años y acaba de publicar un libro que es, al mismo tiempo, un mapa y un manifiesto. 'Cuanta más gente me jode, más buenos momentos tengo' recorre las grandes paradas de su vida como corresponsal internacional: el París revolucionario de 1968, el Beirut devastado de 1987, el Hollywood de los noventa con su maquinaria de ilusiones. Cada ciudad es un capítulo, y cada capítulo es una lección que Torres aprendió con la libreta en la mano y los ojos bien abiertos.
Lo que distingue a Torres no es solo haber estado presente en los momentos decisivos del siglo, sino su negativa a suavizarlos. En un periodismo que a menudo confunde dar voz a todos los bandos con ser justo, ella rechaza esa trampa con una claridad que no ha perdido con los años. 'No tengo el coño para equidistancias en este momento', dice, y la frase resume décadas de oficio.
Su vejez, según ella misma la describe, es 'plácida' y también 'de ira'. No hay contradicción en eso: la placidez viene de haber vivido plenamente y haber hecho el trabajo que eligió; la ira, de ver cómo se repiten los errores y se olvidan las lecciones. El libro no es una autobiografía convencional sino una colección de instantáneas de un mundo en movimiento, narradas por alguien que nunca se quedó quieta y que, a los 83 años, sigue sin hacer concesiones.
A los 83 años, Maruja Torres acaba de publicar un libro que funciona como cartografía de su propia vida: 'Cuanta más gente me jode, más buenos momentos tengo'. El título, directo y sin filtro, resume la filosofía de una mujer que ha pasado décadas recorriendo el mundo como corresponsal internacional, documentando momentos que otros preferían ignorar o suavizar.
El libro es un atlas de experiencias vividas en primera persona. Torres estuvo en París durante 1968, cuando la ciudad hervía de revolución y los estudiantes desafiaban el orden establecido. Luego llegó Beirut en 1987, una ciudad destrozada por la guerra civil, donde la reportera se encontró en medio de la violencia y el caos. Después pasó por Hollywood en los noventa, ese mundo de luces y espejismos donde la realidad se disuelve en la ficción. Cada parada en su trayectoria marca un punto en el mapa de un siglo convulso, y Torres fue testigo de todo ello con la libreta en la mano.
Lo que distingue a Torres no es solo haber estado en los lugares correctos en los momentos correctos. Es su negativa a adoptar lo que ella llama equidistancia. En una época donde muchos periodistas buscan la falsa neutralidad, donde se cree que dar voz a todos los bandos por igual es sinónimo de objetividad, Torres rechaza esa trampa. No tiene paciencia para ello. "No tengo el coño para equidistancias en este momento", dice con la claridad que la ha caracterizado durante toda su carrera.
A los 83 años, Torres describe su vejez como "plácida" pero también como "de ira". No es una contradicción. Es la descripción exacta de alguien que ha visto demasiado para conformarse con explicaciones fáciles, que ha cubierto suficientes conflictos para saber dónde están las mentiras, y que ha llegado a una edad donde ya no necesita pedir permiso para decir lo que piensa. La placidez viene de haber vivido una vida plena, de haber hecho el trabajo que eligió hacer. La ira viene de ver cómo se repiten los mismos errores, cómo se olvidan las lecciones, cómo se reescriben las historias.
Su libro no es una autobiografía convencional. Es más bien un conjunto de instantáneas de un mundo en movimiento, visto a través de los ojos de alguien que nunca se quedó quieta. Cada capítulo es una ciudad, cada ciudad es una lección. París le enseñó sobre la posibilidad del cambio radical. Beirut le mostró el costo humano de la política. Hollywood le reveló cómo se construyen las narrativas falsas. Y a través de todo ello, Torres escribió, reporteó, contó historias que otros no querían contar.
Lo que importa ahora, en este momento de su vida, es que Torres sigue sin hacer concesiones. Sigue sin pretender que todas las perspectivas tienen el mismo peso. Sigue sin fingir que la neutralidad es posible o deseable cuando se trata de documentar la realidad. Su libro es una declaración de que una vida dedicada al periodismo serio, al reportaje de verdad, es una vida bien vivida, incluso cuando esa vida ha sido incómoda, peligrosa, y ha exigido estar siempre en desacuerdo con algo o alguien.
Citas Notables
No tengo el coño para equidistancias en este momento— Maruja Torres
Tengo una plácida vejez de ira— Maruja Torres