A los 48 años, la actriz Marta Hazas ha encontrado en el teatro un espacio donde la vulnerabilidad, antes temida, se ha convertido en su mayor fortaleza. Con 'Matrimonio sin filtros', obra que produce junto a su marido Javier Veiga, llena teatros por toda España y redefine el éxito no como reconocimiento externo, sino como la satisfacción íntima de crear algo propio que conmueve a otros. Su trayectoria es la de alguien que aprendió, con el tiempo, que ir con todo y a divertirse no es rendirse, sino llegar.
Marta Hazas: "He dejado atrás no querer mostrarme vulnerable"
Las entradas las he vendido yo, lo produzco yo. Para mí eso es triunfar.
¿Qué significa para ella que la obra haya llenado teatros en toda España?
Significa que el trabajo que produce ella misma, que ella controla, que ella cree en él, resuena con la gente. No es un papel que le dieron, no es un guion que escribió otro. Es suyo.
Pero hay que ser cuidadoso: sabemos que el Maravillas estuvo lleno seis meses, que el Alcázar vuelve en febrero, que Santander se agotó en veinte minutos. Eso es verificable. Lo que no sabemos es si eso es típico para teatro en España o si es excepcional.
Ella habla mucho de dejar atrás la vulnerabilidad. ¿Eso fue un cambio reciente o lleva años?
Parece que fue un proceso. Cuando era más joven, en los cástings, se protegía no preparándose. Luego aprendió que podía ir con todo. Y ahora dice que ha dejado atrás no querer mostrarse vulnerable. Suena como capas que se quitó con el tiempo.
Pero ella no dice cuándo exactamente pasó eso. ¿Fue hace cinco años? ¿Hace un año? ¿Fue Javier quien le ayudó? Ella no lo especifica, así que no sabemos.
¿Qué le dice sobre ella el hecho de que sus padres se enamoraran tan jóvenes?
Que creció viendo que el amor puede ser impulsivo, que puede no durar, que las personas cambian. Sus padres se separaron siendo distintos a los que se enamoraron. Eso probablemente le enseñó algo sobre la realidad del amor.
Aunque ella dice que le molaba ser hija única, que hizo muchos planes con ellos. Así que la separación no parece haberla traumatizado. Ella la presenta como algo natural.
¿Por qué cree que la vulnerabilidad es importante para su profesión?
Porque actuar es mostrar verdad. Si te proteges, si no te permites ser vulnerable, no puedes acceder a los lugares donde viven los personajes. La vulnerabilidad es la puerta.
Ella lo dice así, pero no da ejemplos de cómo eso cambió su trabajo. ¿Qué papeles hizo antes? ¿Cuáles hace ahora? ¿Cómo se ve la diferencia? No lo sabemos.
¿Qué significa que haya dejado atrás "hacerse la del norte"?
Que no quería mostrar debilidades, que quería parecer fuerte, invulnerable. Es una actitud que probablemente absorbió de su padre, de esos planes masculinos, de esa energía que dice que tiene.
Pero "hacerse la del norte" es una frase que podría significar cosas distintas. ¿Significa no mostrar emociones? ¿Significa ser dura? ¿Significa algo específico de la cultura de Santander? Ella no lo aclara.
¿Cómo conocer a Javier cambió su vida?
Él la recomendó para un trabajo. Luego se enamoraron. Ahora producen juntos. Es una asociación que funciona, que llena teatros.
Pero ella dice que solo le pasó con él lo de enamorarse en un rodaje de verdad. ¿Qué significa eso exactamente? ¿Que los otros romances de rodaje no fueron reales? ¿Que este sí? Ella no lo define bien.
O Pulso
- Hazas arrastra décadas de una coraza norteña que le impedía mostrarse vulnerable, y solo ahora, pasados los 40, ha podido soltar ese peso.
- La obra 'Matrimonio sin filtros' agotó entradas en Madrid durante seis meses y en Santander se vendieron en apenas veinte minutos, señal de una conexión real con el público.
- La gira nacional que se extiende hasta finales de diciembre y el regreso al Alcázar en febrero mantienen a la actriz en una agenda que no da tregua.
- Hazas ha trazado una línea ética clara: nunca más defender en coloquios algo en lo que no cree, aunque siempre se ponga la camiseta del equipo cuando firma un contrato.
- El éxito, para ella, no es un Goya sino caminar hacia un teatro sabiendo que las entradas las vendió ella misma, que el proyecto lo produce ella.
A los 48 años, la actriz Marta Hazas ha encontrado en el teatro un espacio donde la vulnerabilidad, antes temida, se ha convertido en su mayor fortaleza. Con 'Matrimonio sin filtros', obra que produce junto a su marido Javier Veiga, llena teatros por toda España y redefine el éxito no como reconocimiento externo, sino como la satisfacción íntima de crear algo propio que conmueve a otros. Su trayectoria es la de alguien que aprendió, con el tiempo, que ir con todo y a divertirse no es rendirse, sino llegar.
Marta Hazas llega a un café de Madrid con 48 años y una carrera que ha transitado de las series de televisión —El internado, Machos Alfa— al teatro con paso firme. Desde hace meses llena salas con 'Matrimonio sin filtros', obra que produce y protagoniza junto a su marido, Javier Veiga. El Maravillas de Madrid estuvo completo durante seis meses; en Santander, su ciudad natal, las entradas se agotaron en veinte minutos. Ahora la obra recorre España en gira hasta finales de diciembre, antes de regresar al Alcázar en febrero.
Su vocación nació de una película en blanco y negro que vio con tres o cuatro años: una niña prodigio que aparecía después vieja y fracasada. Años más tarde descubriría que era '¿Qué fue de Baby Jane?'. Creció como hija única en una familia de emprendedores sin vocación definida, absorbiendo la energía de su padre en conciertos de Ramoncín y Sabina. En el colegio dibujaba los decorados del teatro escolar, pero nunca actuaba a la ligera: quería el oficio de verdad. Los primeros cástings le resultaban dolorosos. Para protegerse del miedo al fracaso, prefería no prepararse demasiado y tener siempre un plan B. Un día decidió que eso no podía ser, y fue con todo.
Conoció a Javier Veiga en un rodaje, cuando ella ya hacía El mercader de Venecia. Él la recomendó para un proyecto sin conocerla apenas. Es fácil enamorarse en un rodaje, dice, porque los guionistas escriben las tramas amorosas por ti. Pero solo le ocurrió de verdad con él.
Mirando atrás, Hazas reconoce que ha dejado atrás la tendencia a no mostrarse vulnerable, a hacerse la del norte. Ha aprendido que la vulnerabilidad es valiosa, y que le viene bien para su profesión. Se ha prometido no volver a hacer nada que no defienda con convicción, aunque siempre cumple con lo que firma. Y define el éxito de una manera sencilla: caminar hacia un teatro sabiendo que las entradas las vendió ella, que lo produce ella. Para ella, eso es triunfar.
Marta Hazas llega a un café del centro de Madrid, pide un americano y sonríe mirando de reojo la grabadora. A los 48 años, la actriz santanderina que saltó a la fama con El internado y que ha pasado por Machos Alfa, La Agencia y películas como Playa de Lobos sigue ocupada, pero ahora principalmente en las tablas. Desde hace meses llena teatros con Matrimonio sin filtros, una obra que produce y protagoniza junto a su marido, Javier Veiga. El Maravillas de Madrid estuvo completo durante seis meses, con todas las entradas vendidas desde la segunda semana. Ahora la obra regresa al Alcázar a partir del 11 de febrero, pero antes recorrerá toda España en una gira que se extiende hasta finales de diciembre. En Santander, su ciudad natal, llenó tres Palacios de Festivales y las entradas se agotaron en veinte minutos.
Su camino hasta aquí comenzó en una familia de emprendedores sin vocación clara. Sus padres se enamoraron a los catorce años, se casaron a los diecinueve y la tuvieron a los veinte. Su madre compró la papelería de su abuelo, que vendía libros de texto y mochilas, y cuando las grandes superficies hicieron que el negocio decayera, pasó al sector inmobiliario, primero como asalariada y luego montando su propia empresa. Su padre nunca tuvo una vocación definida: pintaba bien, trabajó de encargado de supermercado, en un astillero, vendiendo máquinas industriales. Sus padres se separaron cuando ella tenía treinta y tantos años, ya siendo personas distintas a las que se enamoraron. Hazas fue hija única, lo que le permitió hacer mogollón de planes con ellos, ir a conciertos de Ramoncín y Sabina, absorber una energía bastante masculina de los muchos planes que compartió con su padre.
Su vocación actoral nació de una película que vio con tres o cuatro años, en blanco y negro: una niña prodigio que cantaba y bailaba, que luego aparecía vieja, fracasada, jugando con una muñeca. Años después descubrió que era ¿Qué fue de Baby Jane?. Sus abuelos la llevaron después a ver 101 Dálmatas. Cuando le preguntaron si le había gustado, ella dijo la verdad: solo había perros, ella quería personas. Siempre quiso ser actriz. En el colegio era la que dibujaba los decorados del teatro, pero nunca se permitía actuar a la ligera porque quería su oficio de verdad, con ansia. Los cástings fueron dolorosos al principio. Pasaba mal esos momentos, deseando que terminaran. Un día comprendió que si quería dedicarse a esto, eso sería su vida. Antes, como le daba miedo fracasar, prefería no prepararse mucho y decir que no se lo había currado. Tenía un plan B: trabajar en el Diario Montañés haciendo críticas culturales de obras de teatro. Pero un día decidió que eso no podía ser, que iría con todo y a divertirse.
Conoció a Javier Veiga rodando una película. Él ya estaba en el proyecto y se les había caído una actriz. El papel pagaba, pero no mucho. Hazas estaba haciendo El mercader de Venecia cuando Veiga vio su cartel y dijo que creía que estaba haciendo algo. La recomendó para trabajar con Iván Massagué y Ramón Esquinas, a los que ella conocía mucho. No lo conocía, pero acabó conociéndolo bien. Es fácil enamorarse en un rodaje, dice. Todo el rato se viven romances ficticios en entornos idílicos. En El internado, siete chavales de veintitantos años, todos guapos, encerrados en un resort. Los guionistas escriben tramas de romance increíbles que quitan mucho de la parte del enamoramiento que hay en la calle. Hay mucho Cyrano de Bergerac en el cine escribiendo la trama amorosa. Pero solo le pasó así con Javier.
Ahora, mirando atrás, Hazas reconoce qué se llevó de la chica que llegó a Madrid sin saber nada y qué dejó deliberadamente. A veces no quería mostrarse vulnerable, no quería mostrar sus debilidades, se hacía la del norte. Eso lo ha dejado bastante atrás. Ha aprendido que es bonito ser vulnerable y que le viene muy bien para su profesión mostrarlo. Le quedan intactas las ganas y la ilusión por las cosas pequeñas. Le hace ilusión que Sacristán le dé una réplica. Que le siga dando ese nervio y esa vergüenza es genial. Ha hecho mucho trabajo alimenticio en teatro. Se prometió no volver a hacer nada que echara a la gente de los institutos. Una vez hizo algo que no le gustó nada, vinieron muchos institutos y después se vio defendiéndolo en coloquios, porque siempre defiende y se pone la camiseta del equipo en el que está, aunque no lo produzca. Se ha comprometido en eso y acepta el dinero y el contrato a muerte. En otras cosas fallará, pero en eso no.
Define el éxito de una manera que no tiene nada que ver con los Goya. Quiere ser actriz por esas caminatas que hacía cuando iba al Palacio de Festivales a estudiar o hacía figuración en una zarzuela, en una ópera. Ahora se va a hacer ese camino diciendo que las entradas las ha vendido ella, que lo produce ella. Para ella, eso es triunfar.
Citações Notáveis
A veces me pasaba no querer mostrarme vulnerable y todas mis mierdas, hacerme la del norte, no mostrar mis debilidades. Eso lo he dejado bastante atrás.— Marta Hazas
He aprendido que es bonito ser vulnerable y que me viene muy bien para mi profesión mostrarlo.— Marta Hazas