En un momento en que Marruecos celebra elecciones legislativas bajo la sombra de la crisis de Ceuta, emerge una señal más profunda y duradera: la juventud del país ha optado, de forma masiva y deliberada, por ausentarse del proceso democrático. Solo el 4% de los menores de 24 años se ha registrado para votar, una cifra que no habla de descuido logístico sino de una ruptura generacional con las instituciones políticas. Un año después de que esa misma generación llenara las calles con demandas concretas, el silencio electoral se convierte en su respuesta más elocuente.